José Manuel Riera (DF) de “Cafe amargo” de Rigoberto Jimenez

Fotografiar la metáfora de la luz

Octavio Fraga Guerra • La Habana, Cuba

José Manuel Riera es uno de los fotógrafos más experimentados del cine cubano. Su carpeta audiovisualsupera las 200 obras,construida desde los preceptos del rigor, del ejercicio de pensar el cine, y también la televisión.

Su aguda mirada distingue en la filmografía de los más antológicos cineastas cubanos. Santiago Álvarez, Juan Carlos Tabío, Manuel Herrera, Sara Gómez, Enrique Pineda Barnet, Octavio Cortázar, Rogelio París, Fernando Pérez, José Massip, Mayra Vilasis, son tan solo diez de los muchos realizadores que han contado con su talentoy su cómplice vocación de fotografiar la metáfora de la luz.

Todos ellos, y muchos otros, lo han invitado para fotografiar puestas en escena, momentos dramáticos o encuadres documentales. Su oficio de creador que no reconoce horizontes, se ha materializado en variadas temáticas e historias, empeñado enlegitimar el verso de la verdad o la construcción de un discurso apegado a la autenticidad de los hechos narrados y el esperado revolucionar de las formas o las estéticas.

Filmes como Valle del Cauto, de Manuel Herrera; Viviendo al límite, de Belkis Vega; Las sombras corrosivas de Fidelio Ponce, aún, de Jorge Luis Sánchez; Yo soy del son a la salsa, de Rigoberto López o Chapucerías, de Enrique Colina, son parte de las muchas huellas construidas por este esencial fotógrafo, que escribe su arte con distinguida singularidad y renovado talento. Su maestría descansa desde los claros del oficio y el estudio como práctica insustituible, que complementa con su labor de magisterio en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños.

Pero Riera no se conforma con hacer fotografías para cine de ficción, documentales o apuestas televisivas. También entrega su renovada experiencia en los singulares escenarios de creación que son propios de los dibujos animados. Directores como Tulio Raggi o Mario Rivas, lo han tenido en su nómina de creadores, seguramente por esa voluntad de hacer más allá de los tradicionales predios de la cinematografía cubana.

La última entrega de animación en la que participó este destacado cineasta fue en la pieza Meñique, un largometraje del realizador Ernesto Padrón que tuvo una gran acogida del público nacional. Esta recepción reveló la pertenencia y complicidad de varias generaciones ante un género distinguido, de gran alcance social.

Se impone hablar de su más reciente entrega. Una vez más se enroló en una producción de escaso presupuesto, cuyos escenarios son los campos de Cuba. Lo hizo para fotografiar sus paisajes, sus agrestes desfiladeros de ríos quebrados y los hombres que le habitan, más bien las mujeres.

Café amargo, ficción del cineasta Rigoberto Jiménez, le sedujo para volver a las raíces de nuestra cultura, a los pilares de nuestros más elevados acentos de la sabiduría popular. Es un relato atractivo, de encendidas palabras, de conflictos y emociones, reciclado desde el documental Cuatro hermanas, que el propio realizador filmó cuando formaba parte de la mítica productora Televisión Serrana. Un texto de cine que exhibe una virtuosa estructura narrativa, escrita por los guionistas Arturo Arango y Xenia Rivery. Una historia de cuatro mujeres aferradas a sus tradiciones que se entierran en la soledad.

En esta entrega, Pepe Riera acusa la lente discriminando personalidades, encuadrando gestualidades construidas para el fortalecimiento de la expresión corporal, de los cauces de las palabras ante actrices que tuvieron un ejemplar desarrollo actoral. Emplazó la cámara con elegancia y claro sentido de su lugar en el filme, ante el desafío de contar con una lente que discrimina o deja fuera descartes de luces y sombras. Supo poner la fotografía al servicio de la dramaturgia, de los vocablos de sustantivas envolturas. O desentrañó esos paisajes, no para hacer una postal del recuerdo, más bien para edificar una atmosfera de vastas dimensiones ajenas al discurso tardío de lo tele novelesco.

Pero toca darle la palabra al director de fotografía de esta obra. Algunas pocas preguntas que tan solo pretenden poner en primer plano lo que ocurre en los escenarios de una filmación y las ideas que sustentan su propio desarrollo hasta el arte final.

¿Cómo te incorporaste al proyecto Café amargo

J.M. Riera: Rigoberto y yo nos conocimos desde que él trabajaba en Televisión Serrana y el director era Daniel Diez. Ambos venían a los Festivales del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana y allí compartíamos experiencias, anhelos, sueños. Después nos reencontramos en la Escuela Internacional de Cine y Televisión, de San Antonio de los Baños.

Cuando fue a hacer esta la película, su productor me habló del interés que tenían de que me incorporará al equipo de realización. A mí me motivó mucho porque el mundo campesino me atrae. Hay una parte importante de la cultura cubana que está en ese entorno: la picaresca, la poética, las décimas, la música.

Incorporarme al rodaje fue un gran desafío. No es lo mismo hacer una película aquí en La Habana que irse a la Sierra. Allí estás metido en el medio del campo y careces de una serie de herramientas necesarias para conformar y narrar visualmente una historia.

No aprendí hacer cine en una escuela, aprendí trabajando con fotógrafos que fueron mis maestros. Pablo Martínez y Rodolfo López me enseñaron a fotografiar con imaginación, a sustituir las carencias de determinadas infraestructuras para lograr la narración visual de una película. Y eso me vino muy bien a la hora de lanzarme con esta ficción, porque las cosas que teníamos que enfrentar eran tremendas.

Por ejemplo, para hacer los exteriores de la casa donde vivían las protagonistas no había manera de colgar dos lamparitas que habíamos llevado. ¿Cómo lo resolvíamos? No teníamos trípodes que dieran esas alturas. Entonces se me ocurrió ir con el productor a una tienda campesina y comprar dos rollos de alambres de púa. Ese con el que se cierran los cuartones de las reses y, sin quitarle las púas ni nada, los amarramos a distintos árboles que rodeaban la casa y ahí colgamos las lámparas.

Quise seguir un poco la tónica del documental que había hecho Rigoberto sobre estas cuatro mujeres, dar una imagen muy espontanea, aunque se tratara de una ficción. Por tanto, determiné hacer gran parte del filme cámara en mano, incluyendo los planos fijos para que no estuviera enclavada, que “respirara”, que se moviera de alguna manera.

Tenía otro gran desafío. En las grandes carreras que hacían los personajes en ese escenario rural, iba a percibirse demasiado el movimiento involuntario que provocaba ese corretaje. Me hacía la idea de que, si el camarógrafo corría detrás de ellos, iba a tener como resultado una fotografía semejante a la que hicieron los reporteros cuando la explosión de La Coubre.

Nos tocó reinventar soluciones que tienen antecedentes en el cine cubano. En el año 67 hacíamos cosas tan elementales como esa “sillita” que los niños componen entre dos para jugar. Muchas veces así llevábamos a Pablo Martínez, que era muy delgado, nada corpulento, y la cámara se mantenía con mucha más estabilidad.

Por eso pensé en lo que finalmente llamamos el “paradolly”, mezcla de Dolly (herramienta especializada para los equipos de rodaje cinematográficos y de producción televisiva, diseñada para realizar movimientos fluidos) con parihuela. Y esa “camilla”, que de alguna manera tenía un asiento, se movía como un ciempiés mientras más personas la llevaran. Y así logramos que se mantuviera más estable.

La idea de trabajar el cine documental en esta película de ficción, cámara en mano, respondió al fin de facilitar el movimiento a las noveles actrices, debutantes en el cine, e impregnar a la película una dinámica en tal sentido.

En determinado punto dramático, el filme empieza a ponerse “duro”, a “oscurecerse”. Entonces me acerqué a la pintura de Caravaggio, al tenebrismo que el artista impregnó en su obra,y aumenté los contrates. En ese momento, el trabajo de fotografía dejó de ser cámara en mano. La anclamos en el trípode, porque, además, ya estaba trabajando con actrices muy consagradas como OneidaHernández, Coralita Veloz, Adela Legrá, y Mirelis Echenique, de Bayamo. Quise que en ese estadio hubiera cierta quietud en la imagen y el reforzamiento del contraste me ayudó a conseguir una atmosfera completamente distinta a la que logré con las más jóvenes.

¿Qué me quedaba para la película? Dibujar el aislamiento en que vivían esas mujeres ya mayores y enfermas, y enfermos sus cafetos también. Todas llegaron a un punto culminante de la vida. Lo que me interesaba mostrar de esa gente era el contexto donde vivían, una casa metida en medio de un entorno de la Sierra.

Me alegro mucho de haber participado en este proyecto, de tratar un filme en el contexto campesino. De haberlo hecho como muchas películas cubanas, con poco presupuesto. Pero también, como decía Oneida Hernández, de pasar algunas molestias. Porque todo el mundo experimentó un sentido de pertenencia con lo que estaba haciendo. Se realizó con una entrega y entusiasmo tremendos. Es una película independiente, en la que no tuvimos buena comida, ni buenos lugares donde hospedarnos.

También fue estimulante la acogida que tuvo en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. Fue muy bien recibida sin haber contado con mucha propaganda. Siempre la vi a cine lleno y al final el público salía complacido.

¿Qué otras ideas previas tenías sobre la concepción fotográfica del filme?

J.M. Riera: Todo diseño fotográfico se enfrenta a numerosos obstáculos. Por ejemplo, había una escena en la que Lola, uno de los personajes principales, se levantaba por la mañana, iba al pozo y recogía agua para lavarse la cara.

Esa acción se desarrollaba con un sol que penetraba entre las rendijas de la casa y las maderas. Era muy atractivo, porque realmente daba una imagen muy convincente de lo que es un amanecer. Sin embargo, no pude materializar las filmaciones de esos exteriores, porque estaban planificadas para los últimos días y llovió intensamente. En la Sierra llueve constantemente. A veces teníamos que salir del lugar pues vivíamos al otro lado del río.

Quise hacer una película con una estructura clásica. No pretendí que la fotografía, desde el punto de vista formal, estuviera por encima de esa narración. En ese sentido, fui lo más auténtico posible.

Según algunos cineastas, la precariedad estimula la creatividad ¿Cuál es tu mirada al respecto?

J.M. Riera: Creo que sí, las circunstancias obligan. El desafío está en ver qué hacer como fotógrafo, si los caminos formales que buscas están de acuerdo con los recursos que tienes para contar la historia. No me agrada, por ejemplo, ver como muchos fotógrafos trabajan el cine documental sin hacer un mayor uso de la luz espontanea, de la luz que entra por una ventana, por una puerta. No hacen de ella un medio que domina, la utilizan sencillamente para alumbrar. Colocan al entrevistado frente a un diseño de luces que lo aplana todo.

Si hacemos un paralelo entre el mundo campesino y el trabajo con la luz, yo diría que luz para mí es como el caballo que monta el campesino. El caballo puedes montarlo de la manera más salvaje posible, desprovisto de todo oropel, monturas, riendas. Incluso, lo puedes montar a pelo. Pero hay que domarlo. Lo mismo pasa con la luz.

Puedes tener una luz salvaje. Pero tienes que aprender a utilizarla. De qué manera, desde qué ángulo, qué tipo de luz, cual color de luz, si es más tamizada o más dura. Todos esos elementos tienes que dominarlos y pensarlos antes de asumir el proyecto.

Otro de los grandes problemas que tenemos en nuestra cinematografía es que los nuevos fotógrafos se preocupan más por dominar una cámara que por dominar la luz, y allí hay un problema. La luz está hecha para que nosotros podamos ver un algo. Pero cuando la utilizas en un medio artístico ya no es igual. Ya no es solo mostrar, sino hacerlo con cierto dramatismo.

Muchos episodios que se desarrollan en el interior de la casa tienen un peso importante en cuanto a dramaturgia y puesta en escena. Percibo una fotografía del retrato, un encuadre de personalidades…

J.M. Riera: No es una fotografía del retrato, más bien del significado de la luz. Por ejemplo, en un plano, casi al inicio, donde las protagonistas están reunidas en la sala y una de ellas está moliendo café, la escena está dada con el movimiento del barroco. Hay un paisajismo bastante clásico que me recuerda a los pintores cubanos.

Mi intención fue lograr que las atmósferas fueran creíbles. Seguir de alguna manera la coherencia que aporta la luz dentro del relato. Acompañar desde mi oficio la historia que Rigoberto quiso contar.

Emiliano Cativa (DF) de “Errata” de Iván Vescovo

“SIEMPRE AQUELLO EN LO QUE TE BASAS SE RECONFIGURA Y SE TRANSFORMA EN OTRA COSA.”

EMILIANO CATIVA (ADF) relata su experiencia Clase B con “ERRATA” de Iván Vescovo.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Iván Vescovo
Producción: Jerónimo Quevedo
Guión: Fernando Regueira
Duracion: 74 min.
Subtitulos: Ingles
Fotografía: Emiliano Cativa
Sonido: Manuel De Andrés
Asistente de Dirección: Sofía Camdessus
Arte: Lules Fiorenza / Fabiana Gallegos
Montajista:Sebastian Mega Diaz
Productora: Campichuelo Cine & Universidad del Cine
Reparto: Nicolás Woller, Guadalupe Docampo, Claudio Tolcachir, Vanesa Gonzalez, Arturo Goetz, Federico D´Elía, Boy Olmi, Martín Piroyansky, Ezequiel Tronconi, Avian Vainstein, Carla Quevedo.

SINOPSIS

Ulises se levanta un día y su novia Alma no está, desapareció. A partir de ese momento Ulises comienza una intensa búsqueda que lo lleva a vincularse con aspectos secretos y ocultos de la vida de Alma. El recuerdo persistente de los momentos que vivieron juntos le brinda algunas pistas que lo conducen a indagar sobre la vida de su profesor Viñas y su obsesión con un libro de Borges. La repentina aparición de Bianca, la hermana gemela de Alma, acelera las circunstancias que arrojan a Ulises a cometer un delito, en su desesperada búsqueda por volver a encontrarla.

Contanos la información básica de la película, cómo la hicieron, durante cuánto tiempo rodaron, y con qué equipamiento…

Emiliano Cativa: La película se rodó de manera espaciada a lo largo de cinco meses, la hicimos de forma ultra independiente, por lo que dependíamos de… cuándo lográbamos juntar dinero para seguir.

La hicimos en 16 mm y el workflow incluyó Scanneo en Arriscan a 2k y algunas cosas en 4k. Usamos película FUJI serie F vencida, color, 500 T post lo pasamos a Blanco y Negro, buscando una imagen con grano muy evidente. No fue necesario forzar nada porque al trabajar con película vencida todo eso ya estaba dado por el mismo material. Y eso es parte de la particularidad de la película, la exageración del grano.

En cuanto a la cámara, bueno, se usó la Arri de la FUC con el set de lentes carl zeiss 1.4 high speed. Y luces: usamos el parque de luces de la FUC más algún HMI que pedimos unas pocas veces. No contábamos con muchas luces, y la película está expuesta a 100 ASA, sobreexpuesta, para tener más rango en el arriscan. Queríamos contar con todo el rango de latitud de la película.

En los exteriores usábamos luz natural respaldada con rebotes, porque fue una película super independiente en la que no contábamos ni siquiera con los permisos para rodar en la calle… y en interiores, sobretodo en la casa del protagonista, hicimos una puesta de luz general para que la cámara pudiera andar libre en los planos secuencia -teniendo en cuenta los ciegos, por supuesto- y con algunos retoques cuando la acción se movía hacia algún ambiente en particular, pero siempre con la misma cantidad de luz.

¿Cómo pensaron esta propuesta estética tan extrema?

E.C::El mundo en el que se mete el protagonista es el mundo literario, con todos sus personajes: el librero, el profesor de literatura, el coleccionista. Ocurre que aparentemente el camino para rescatar a su novia es el robo y la venta de un libro de Borges con una errata que lo vuelve muy especial. Y así es que el protagonista se adentra en un universo que le es completamente ajeno: el literario. Por las características de la historia decidimos que el tratamiento estético sea el de un Film Noir.

 ¿Film Noir contemporáneo?

E.C: Sí… pero relativamente. Es una Buenos Aires actual, pero a la vez no hay teléfonos celulares; es moderna, pero no necesariamente. Hay autos nuevos, y hablan por teléfonos antiguos. La idea fue un poco llevar la película a un “no lugar” reconocible. En ese sentido Buenos Aires está mostrada de una forma bastante particular, diferente. Quizás similar a la atmósfera de “Invasión” (Dir. Hugo Santiago – 1969), y para eso también trabajamos la iluminación de un modo que contribuya: que nunca se sepa bien si es de día o de noche… de un modo medio onírico. Bueno, es que no se puede copiar nada tal cual, no? Es Film Noir, sí. Pero siempre aquello en lo que te basas se reconfigura y se transforma en otra cosa. Y una de los diferenciales es que los exteriores no están iluminados, sino que se trabajan de una forma más documental o realista.

¿Qué referencias tomaron?

E.C: John Alton fue nuestra gran referencia, es un referente ineludible del policial negro de clase B. Hacía una iluminación muy expresionista, con pocas luces y se jactaba de trabajar rápido. La idea fue un poco esa, cubrir la falencia, o la falta de matices y color, y tratar de generar otra cosa desde lo expresivo. Alejándonos, a la vez, lo más posible del standard de la fotografía actual tan realista, tan HD.

¿Por qué alejarse?

E.C: Porque es en un punto una película de otra época. Es en fílmico, que es ya a esta altura un arte del siglo XX, con mucho grano… pero sobretodo para experimentar otra cosa. Quizás a sea porque me aburre un poco el cine argentino más frecuente. No por la calidad de sus películas, que sin dudas las hay increíbles y fotografiadas de forma alucinante dentro de ese tono realista, pero como desafío esto me resultó super interesante. Porque era una película en la que el realismo no podía ser el camino, y porque es probable que nunca más vuelva a tener la oportunidad de probar y experimentar una fotografía como esta. Nadie me va a volver a decir “hagamos Film Noir tipo década del 50” no pasa, no creo que pase de nuevo.

 ¿Qué pasa con el público al encontrarse con esta estética?

E.C: Gusta mucho y a la vez resulta llamativo. Siempre resulta destacado en las críticas o en las notas como algo interesante, o al menos muy propio de la película. El clima, el generar ese clima especial que se da con el blanco y negro estilizado.

 ¿Cuáles fueron las claves de la propuesta visual?

E.C: Por un lado, los contras. Toda la película se trabajó con contraluz alto, llamativo, detrás de los personajes. Aún en los exteriores tratamos de buscarlos. Lo cual nos llevó a tener mucho riesgo de que entrase flare en cámara. Y de hecho decidimos sacar directamente el parasol y dejarlos entrar. Y se vuelve parte de la impronta de la película el que haya mucho flare de todos colores.

Otra cosa fue que nos propusimos dar vuelta el paradigma del bueno-luminoso / malo-oscuro. Acá los personajes con mayor luz son los malos, y los buenos están siempre como en penumbra, en las sombras. También hay neutros, claro. Pero la lógica está invertida. El héroe está en una clave tonal más baja de lo normal, y los malos en una más alta. Buscamos una imagen bien contrastada, no hay muchos grises. Son blancos y negros con mucho contraste.

Y como última cosa, diría que intenté un trabajo de “Aranovich pobre”, en el sentido de que –con todas las distancias del caso- busqué mantener siempre la misma apertura de diafragma durante toda la película, para darle unidad visual. Entonces en exteriores ponía muchísimos ND y variaba la obturación. No me dio para llegar a f5.6, pero intenté mantener toda la película en f2.8. Lo cual le daba una imagen particular, con poca profundidad de campo… lo cual hizo complejísimo el trabajo de Carla Roccasalvo –la foquista- porque tampoco teníamos video assist. Y lo hizo muy bien.

¿Qué ocurre con el trabajo del fotógrafo cuando hay poco presupuesto? ¿Condiciona la estética?

E.C: La plata no debe ser un condicionante. Cuando el modelo de producción dicta la estética –que es lo que pasa siempre- no es complicado resolver la película. El tema es que no siempre los directores te habilitan para “volar” y que la película quede bárbara dentro de sus posibilidades. A veces ocurre que tienen una visión muy precisa de cómo quieren que se vea la película, y hay que entender que no todas las estéticas son posibles con poco dinero. Hay que sentarse, pensar, y decir “bueno, con estos recursos, la imagen va a ser así”-. No siempre se logra, pero lo más interesante es cuando alguien aparece y te dice: “bueno, dale. Vamos con esa”. Porque cuando eso sucede, es como si se te activasen más neuronas para tratar de resolver lo imposible. Acá nos pasó eso. Y fue alucinante.

Al haber participado en la película tan desde el origen, ¿cómo fue el trabajo con el sonido para contribuir a ese clima del que hablas?

E.C: La película tiene una banda de sonido original compuesta por BAUER, ente sinfónica y psicodélica que aporta al extrañamiento o a la sensación de cosa onírica. Y el trabajo de sonido que hizo Manuel de Andrés es impecable y sí contribuye mucho. Hay mucho clima, mucha re grabación, Foley. Muchas capas y capas y capas, para generar una atmósfera que acompañara todo lo visual.

“El espanto”, retrato intimo de la superstición

                     EL ESPANTO, RETRATO ÍNTIMO DE LA SUPERSTICIÓN

El Espanto, según Martín Benchimol

“El Espanto se apoya estéticamente en la idea del retrato. En un sentido general, retrata a una pequeña comunidad. En lo particular, muchas de sus escenas están concebidas como retratos fotográficos familiares.”

Una gran parte de los minutos de la película son escenas de entrevista. Por eso, un desafío era construir una narración que fluya, donde lo estático (decidido a priori) de las entrevistas sea una oportunidad para una acción durante el testimonio, y no se sienta como algo que detiene el relato. Por la experiencia en la película anterior (La gente del río), suponíamos que los silencios durante los testimonios iban a tener mucha importancia. Por eso, la idea fue armar una puesta que al momento de un silencio se convierta efectivamente en un retrato fotográfico. De ahí el desafío fue pensar estas puestas en escena que puedan prolongarse en el tiempo de una entrevista, y a su vez funcionen como foto retrato de cada personaje.

Los interiores eran frecuentemente espacios reducidos, con ventanas muy pequeñas y paredes con bastante textura. Para la clave que queríamos trabajar, nos venía fenómeno. Era importante decidir a qué hora íbamos a grabar para explotar la luz natural. Salvo alguna excepción, los interiores están grabados íntegramente con luz natural.

El proyecto tuvo la particularidad de grabarse a lo largo de dos años, en semanas salteadas de rodaje y con escaso presupuesto. Sucedió que comenzamos a filmar con una Canon 5D Mark III, y luego nos pasamos a Sony A7s II. Incluso, en la transición de una cámara a la otra, hay escenas de entrevistas que mezcla ambos formatos. Esto nos obligó a un trabajo muy arduo con la colorista Ada Frontini donde, además del trabajo habitual de corrección de colornos dedicamos mucho a buscar una textura que empate las dos cámaras, y la variedad de lentes utilizados (de Canon 24-70, 70-200, a lentes de foto fija Olympus).

Por otro lado, comenzar a usar la cámara Sony, nos dio un margen interesante en las escenas exteriores de anochecer. La propuesta para estas escenas era contar el halo de misterio que se respira en el pueblo. Trabajan en contrapunto con las entrevistas donde los rostros de los personajes son fundamentales. En la noche necesitábamos mostrar personajes como siluetas sin una identidad definida. Salíamos a grabar estas escenas antes de que caiga la noche, y ahí nos rindió mucho la sensibilidad de la cámara, porque podíamos tener siluetas negras de personajes sobre cielos casi nocturnos que aún tenían lectura.

Hay una pequeña secuencia que era un desafío, y es la aparición frente a cámara del curandero más misterioso de la película. Esa escena tiene la función narrativa de develar la identidad de este personaje, que se dilata varios minutos en la película. Con lo cual se lo tenía que ver con claridad, pero necesitábamos que aún mantenga su misterio. Su breve entrevista está iluminada solo con una ventana muy pequeña sobre el rostro, y un puntito en la pared. Creo que se logró ese clima que necesitábamos. Luego este personaje nos muestra su habitación-santuario, y allí decidimos usar una toma claramente subexpuesta. Creo que esta decisión, delicada desde lo técnico, ayudó a construir lo perturbador del personaje.

Entrevista a Fernando Lorenzale (ADF)

¿Cómo llegaste a trabajar en este proyecto?

Mayra Bottero, con quien filme La lluvia es también no verte (dirigido por Mayra y producido por Machita films), produce El espanto y me convoca  para sumarme al reducido equipo que constaba en rodaje de 4 personas. May haciendo la producción, Martín Benchimol y Pablo Aparo co-dirigiendo la película y yo. Pablo también hizo el sonido directo y con Martín nos repartimos la fotografía y las cámaras.

¿Cómo ideaste el proceso del enfoque fotográfico?

Como comenta Martín, estaba bastante definido como querían que se vea y se sienta El espanto. La idea del retrato familiar ya la venían trabajando desde su film anterior La gente del ríoLa idea me entusiasmó desde el primer momento, en parte por sus locaciones con tanta textura y también por el desafío de buscar una estética definida con muy pocas herramientas.

Con Martín nos dividimos de alguna manera las tareas, casi sin ponerlo en claro, ni de manera estricta, se dio naturalmente. Pablo y Martín tienen un ojo muy profesional para el encuadre y las decisiones de composición. Así que me pude dedicar a cubrir los aspectos técnicos y las decisiones mas prácticas sobre los “seteos” y como queríamos que esa imagen se registre. A pensar más en la luz disponible y las posibilidades de modificarla, sabiendo que el encuadre estaba siendo atendido.

¿Qué particularidades tiene el proyecto?

El proyecto, como dice Martín, se filmó durante varias semanas repartidas en 2 años. En ese período, la tecnología se renovó y pudimos acceder a nuevos equipos. Siempre se trató de un proyecto de bajo presupuesto, por lo que solo podíamos acceder a cámaras DSLR y ópticas fotográficas. El cambio de cuerpo de cámara nos vino muy bien, porque la Sony A7s II es una cámara que se destaca por su alta sensibilidad. Esto nos abrió una serie de posibilidades muy interesantes que quisimos aprovechar.

Casi no usamos luz artificial, y cuando la necesitábamos se trataba de una caja de tubos Obarrio entrando por una ventana haciendo de Sol o de rebote de nubes. Pensar que nuestro parque de luces y paquete de cámara entraba en un Renault Twingo es muy divertido.

Personalmente me dejé llevar por la luz natural y me permití experimentar con ella. Gracias a la sensibilidad de la cámara, pude aprovechar todo lo que los interiores tenían para ofrecernos: casas con ventanas chicas, ranchos con paredes desgastadas y con capas sobre capas de pintura acumulada por años.

La otra ventaja que da un equipo así es la velocidad de reacción. Poder ver que se prepara un cielo tremendo en el atardecer y tener tiempo de planear y llevar a cabo una escena completa en lo que dura una hora mágica o una hora azul.

El retrato, que se torna central en la película, es fotográfico en gran medida. Yo creo que el producto final es un documental que no tiene a la fotografía como eje de su relato, pero se nutre muy bien de ella en los climas y en su preocupación por mostrar el paso del tiempo.

El tamaño si importa

 

 

                                             EL TAMAÑO SÍ IMPORTA.

Fede Cantini comparte su experiencia con los lentes Leica.

La última vez que filme un comercial, había trabajado con una Alexa, con los Master Prime, cámara en mano todo el rodaje. La calidad de los lentes es realmente sorprendente, y se lograron unas tomas muy buenas. Sin embargo, y aunque cueste creerlo, para un proyecto donde se hacen tomas de 5 o 6 minutos, el peso de los lentes es una variable a tener muy en cuenta si se quiere sobrevivir a una semana de rodaje intensa.

Es insufrible lo que pesa una Alexa, con un Master Prime, más las baterías, el monitor, el finder, el wireless y el cine tape (Imposible conseguir en el exterior un foquista que no lo use).

Al llegar a mi destino, lo primero que hice fue pensar en no repetir la experiencia con los Master Prime, si bien su apertura 1.3 puede ser una ventaja eventualmente, su peso -a mi gusto- los hace insoportables.

Llamé al foquista que teníamos contratado, el argentino Nacho Musich (siempre es recomendable tener un aliado en el extranjero) y me recomienda los Leica Summilux-C. Yo nunca los había usado, pero me cuenta que son los lentes esféricos que más se están usando en este momento en los largometrajes de los grandes estudios y que eran muy livianos. Con solo esos dos datos, me convenció de probarlos.

Al principio, estaba bastante temeroso, ya que nunca había usado ningún lente Leica en cine, y no sabía con qué me iba a encontrar, cómo iban a responder. Cuando los vi, el primer día de rodaje, me asusté, son realmente pequeños, y pesan sólo 1.2 kg. Es casi la mitad de lo que pesa un MP, y bastante menos que un UP o un S4.

En cuanto lo pusimos en la cámara, y blockeamos el primer plano, ya se notaba su imagen particular. Me es muy difícil explicar la sensación, pero voy a intentar hacerlo de la manera más coloquial y honesta posible. Las definiciones técnicas de la serie, las pueden buscar en la página de Leica, no tiene sentido que yo la replique acá.

Podría decir que se sienten, con respecto a la imagen, justo en el medio de los Cooke y los UP. Tienen una imagen muy suave, como cremosa (como los S4), pero con una definición bien estridente en el foco, (como lo MP). Y, además, resuelve los flares excelentemente, se los ve muy lindos, pero sin perder contraste. Todo esto sumado, da una imagen muy natural y para nada plástica. Hasta pareciera que le saca lo electrónico (lo poco que le queda) a la Alexa. Y si a todo esto, le sumamos que son realmente livianos y la mística Laica los convierte, para mí, en la mejor serie de lentes del momento.

Micaela Cajahuaringa (DFP) de “Pelo Malo”

 

                                 NO SÓLO PELO HAY EN ESTA CABEZA

A nuestros jurados en Mar del Plata les interesó especialmente la película “Pelo Malo” (Dir. Mariana Rondón) que ofrece un trabajo de calidad en todos los rubros: Fotografía, Dirección, Guión, Actuación, etc.  Aunque no ganó el premio, merece un párrafo aparte por el esmerado trabajo de la imagen.

Conversamos en exclusiva con Micaela Cajahuaringa (DFP), Directora de Fotografía de “Pelo Malo” y socia fundadora de la Asociación de Autores y Directores de Fotografía Cinematográfica Peruanos, sobre su trabajo.
Atentos, que cuando se estrene, ésta es una película que hay que ver!

Dirección de Fotografia: Micaela Cajahuaringa (DFP)

Cámara: Red Epic

Lentes: Zeiss Ultraprime

Posproducción: La Sociedad Post

Esto es lo que nos contó:

Micaela Cajahuaringa: “El trabajo visual de la película se fue construyendo durante la visita a locaciones, cuando íbamos visitando edificios llamados Bloques en dos de los principales barrios de Caracas. Íbamos entrando a muchos departamentos

algunos muy pequeños, llenos de cosas, donde solo había pequeñas entradas de luz, y me llamó la atención cómo contrastaba eso con la fuerte luz que había en la ciudad. Así traté de reproducir de una manera más que naturalista, yo diría respetando lo que veía: poca luz en el interior. Y de esta manera, hacer sentir las fuentes de luz, trabajar contraluces frente a las ventanas mismo que tuvieran pieles oscuras, y la mezcla de temperaturas, siempre había una luz artificial encendida, aunque sea día.

Había hecho un pedido de luces pensando como siempre había trabajado antes, y acabé reduciendo la cantidad de luz, porque las locaciones eran muy pequeñas, los espacios eran muy reducidos, y esto también me obligó a iluminar básicamente desde afuera. Tratando de usar más luces practicables que puedan estar como parte de la escenografía.

La película tiene todo un trabajo de cámara en mano, para lo cual contamos con el excelente trabajo de John Márquez, quien tiene un muy buen ojo fotográfico, se involucra con la película y buena comunicación. Esto era muy importante porque siempre teníamos que estar listos para “robar planos”.

No se jugaba a la improvisación, pero yo debía tener una iluminación siempre lista para que se pueda filmar de cualquier ángulo, una luz base que nos sirva para poder filmar cualquier situación que se nos presentara mismo que no estuviera en el guión, por ejemplo, una mirada o alguna actitud que era parte del personaje.  Esto me obliga a tener preparada ya una atmósfera, con entradas de luz desde el exterior o algunas luces de los cuartos prendidas.

Los planos en el autobús también tenían este tratamiento y era bastante más incómodo, iluminamos el interior, pero siempre tratando de que la luz del exterior mandara, es decir dejarla como luz principal y hacer sentir como ésta cambia constantemente dependiendo de la ruta por donde va el bus.

Los colores y el trabajo de dirección de arte también lo fuimos construyendo en la visita a locaciones, rescatando lo que veíamos, nos quedamos con la paleta de colores de las paredes de los edificios que visitamos y que fueron filmados. Junto con Matías Tikas, director de arte, se trabajaron los colores de la paredes y vestuario, y utilería.

El trabajo de postproducción y corrección de color fue realizado con el excelente equipo de La sociedad Post, a cargo de Nacho Gorfinkiel, con quienes hemos trabajado películas anteriores. Si bien aparentemente no hubo mucho trabajo de retoque o efectos, sí nos concentramos mucho en la dosificación de color y de contraste, encontrando un punto justo que no lo haga sentir muy manipulado, pero dándole más contraste y bajando la saturación.”.

 

Julian Apezteguia DF de “El clan”

EL DF JULIÁN APEZTEGUÍA LE DA VIDA A “EL CLAN” CON LENTES COOKE ANAMORPHIC/I.

Los lentes Cooke le dan un estilo fílmico a la imagen de la Alexa XT. 

Leicester, UK – 1 de abril de 2016 – Creative Cow Newsletter

Traducción: Carlos Wajsman

Cuando el Director de fotografía Julián Apezteguia, ADF (Asociación de Autores de Fotografía Cinematográfica Argentina — Argentinian Society of Cinematographers) tuvo la chance de trabajar por segunda vez con el director Pablo Trapero en su última película “El Clan” – una historia oscura situada en 1980 sobre una familia de secuestradores y asesinos – utilizó un juego completo de lentes Cooke Anamorphic/I para darle una “fuerte personalidad óptica”.

El juego de lentes utilizado para la ganadora del Goya al mejor film extranjero en lengua española, del León de Plata en el Festival de Venecia y elegida por Argentina para competir en el Oscar, incluyó los 32mm, 40mm, 50mm, 75mm y 100mm y Apezteguía trabajó especialmente con las distancias focales más angulares. “El Clan” es el tercer largometraje que filma Apezteguía con lentes Cooke y el primero en formato anamórfico, utilizando la Alexa XT en el modo de sensor 4:3.

Situada en la Buenos Aires de los años 80, “EL Clan” es la historia real de la familia Puccio, quienes secuestraron cuatro personas y mataron a tres de ellas y la forma en que vivieron sus vidas durante esos eventos. Protagonizada por Guillermo Francella, Peter Lanzani y Gastón Cocchiarale, la historia exigía que los personajes mantuvieran un aspecto fuerte.

“Decidimos darle a la película una fuerte personalidad óptica, para lo que elegimos los lentes Cooke anamórficos con la cámara Alexa XT 4:3. “ – dice Apezteguía. “Sentía que la forma en que los anamórficos reproducen las perspectivas y la forma única en la que deforman la zona fuera de foco de la imagen – la zona que está detrás del sujeto enfocado.- le dan a los Cooke Anamorphic/i un aspecto único, que resulta perfecto para generar la sensación de estar en un lugar o situación extraños”.

Apezteguía utilizó una cantidad de otras técnicas ópticas – tales como filtros de campo partido, comenzando o terminando una toma con la imagen totalmente fuera de foco y aun sacando el lente de la cámara mientras grababa. Todo esto contribuyó a darle su “personalidad óptica” al film. Habiendo utilizado los lentes Cooke S4 en dos de sus largometrajes anteriores – “Habi, la extranjera” “Días de pesca”, además de muchos comerciales en los que utilizó lentes Cooke 5/1 – a Apezteguía le resulta muy familiar el aspecto distintivo que le brindan los lentes Cooke a los directores de fotografía. “Me gusta la textura que generan: son muy nítidos, pero no demasiado duros. Me parece que esta característica funciona muy bien en las cámaras digitales, dándonos la oportunidad de mantener el aspecto fílmico al trabajar con una imagen electrónica. También resultan muy “amables” con los rostros de los actores.”

Apezteguía tiene tanta confianza en los lentes Cooke que los eligió sin haber probado otras marcas de óptica. “Hicimos pruebas extensas con los lentes Cooke anamórficos, por lo que sabíamos cómo trabajar para obtener el aspecto exacto que buscábamos. Una de las cosas interesantes acerca de trabajar con ópticas anamórficas es la perspectiva característica que producen – inherente a la construcción de lentes que comprimen una imagen que será descomprimida posteriormente. Los Cooke fueron la elección obvia, ya que producen la perspectiva deseada sin perder definición…y con la ventaja adicional de proporcionar el “Aspecto Cooke” característico para nuestra película de época”.

Acerca de Cooke Optics, LTD.

Cooke es un nombre histórico tanto en los mercados del cine como cuando se trata de fotografía de alta calidad. Mundialmente conocidos por su precisión, exactitud en las tolerancias y calidad superior, los lentes Cooke son elegidos por muchos de los más respetados directores de fotografía del mundo. Cooke es también el desarrollador de la tecnología /i, un protocolo que permite capturar y trasladar información vital tanto del lente como de la cámara a las etapas de la post producción. Cooke ha sido premiado con el premio Oscar al mérito 2013 por su continua innovación en el diseño, desarrollo y fabricación de lentes para cámaras cinematográficas.

Algunas de las producciones recientes filmadas con ópticas Cooke incluyen: Los 33, Creed, The intern, Born in Dance, Monolith, Trainwreck, Ex machina, Everest, Jupiter ascending, Mr. Turner, The Grand Budapest Hotel, Un Homme ideal y Paddington, así como las series televisivas Jonathan Strange y Mr. Norrell, The Musketeers, Cilla, The C Word, Orange is the new black, Penny Dreadful, Fargo, Breaking Bad, Person of interest, The client list, Game of thrones y Downton Abbey.  

 

Series: “La casa del mar”

                                          SERIES: “LA CASA DEL MAR”

Max Ruggieri, Socio Adherente de ADF, habla de su experiencia como Director de Fotografía en la serie de reciente estreno “La casa del mar”.

– ¿Con qué equipo técnico y en cuánto tiempo de rodaje y post se produjo?

“La casa del mar” es el 2° proyecto de serie de ficción que filmo con Juan Pablo  Laplace, el anterior fue “Perfidia” – serie de concurso federal. Ganador Mejor Serie Televisiva 2012.-

JP le da una gran importancia a la previa, con lo cual estuvimos por lo menos un mes a la búsqueda de las locaciones y trabajando en la pre de la serie. Pensando el color y la estética para lograr obtener algo de calidad.

El rodaje fue de 5 semanas, una en Necochea y lo restante en Buenos Aires y alrededores. Fue muy divertida la apuesta de parte del director de armar un pueblo imaginario – Mar del Pinar – donde supuestamente transcurren los episodios, y llegar a lograr que en el resultado final parezca todo filmado en la costa. Al principio filmamos con dos Canon 5d mark II y lentes Nikon AIS. Después de la segunda semana logramos cambiar equipo y filmar con Sony F3, mini aja y lentes compact prime. Eso fue posible gracias a que la productora obtuvo una ayuda y optó por poner todo en mejorar la técnica del equipo. Después de la edición, que duró algunos meses, tuvimos dos semanas de color.

– ¿Cómo trabajaste la imagen?

“La casa del mar” fue un interesante desafío para mi trabajo porque había que darle una estética de verano o, mejor dicho, de lugar de la costa, lugar que no suelo visitar con frecuencia. Además, la historia transcurre en días de otoño/invierno, cuando la luz del sol es muy baja en el hemisferio sur, y nosotros filmamos en Noviembre, que es justo lo contrario.

Trabajamos muy codo a codo con Diego Morrel -Primer Asistente de Dirección- y Diego Rochman -Jefe de Producción- para que entrara en el plan la posibilidad de filmar los exteriores durante las mejores horas del día, dejando los interiores para los mediodías. Por una cuestión de presupuesto no teníamos grandes HMIs, así que fue una oportunidad de probar faroles más grandes, tipo los aircraft / jumbo de 9 lamparas corregidas con 1/2 ctb, para lograr de darle una intención a los interiores. Muchas veces opté trabajar con pantallas reflectoras, ya que los días en Buenos Aires son bastante favorables. Al final se transformaron en mi luz principal preferida, por su calidad y potencia, y por la rapidez para meterla en obra. Me di cuenta de que algunas veces es lo mejor que podés usar.

Las referencias estéticas eran muy altas. La idea principal era acercarse al trabajo de Edward Hopper en los exteriores, y a otro pintor que viene de la misma escuela -Jack Vettriano- en los interiores y exteriores noche. Mirando imágenes, pinturas y dibujos de Hopper me encontré con una gran producción cerca de la playa y descubrí que vivió mucho tiempo cerca del mar. Su manera de trabajar el color, el rapport de contraste y la dirección de la luz en su pintura es algo muy atractivo, sobre todo el tono pastel de los colores. Me di cuenta que iba a ser muy difícil de obtener sin mucho equipo y potencia, tiempo, y un poco de suerte.  Pero con Juan Pablo decidimos tomar esta referencia igualmente y tratar de acercarnos lo más posible. No sólo en términos de colorimetría, sino también en composición de imagen. Era un lindo punto de principio y desafío.

– ¿Con qué desafíos te encontraste y cómo se resolvieron?

Sabía que, como en la primera serie, Juan Pablo quería algo de estéticamente fuerte, particular, y acorde al resultado de “Perfidia”. Pero a la vez con mayor rapidez ya que el plan de rodaje era muy apretado, con muchas escenas por día para llegar.  Mario Peternera –Cámarógrafo- y todo el equipo técnico de cámara fue mi gran aliado y de increíble ayuda para setear los planos y la puesta de cámara, muchas veces charlándolo rápidamente y trabajando con el director. Aunque no había filmado con él anteriormente, tuvimos una muy buena relación desde el principio y muchas situaciones se resolvían con una extrema rapidez por la visión conjunta que teníamos junto a Juan Pablo.

– ¿Cómo es el trabajo del DF en una miniserie a comparación de otros formatos como ser un largometraje?

Creo que la diferencia substancial entre iluminar una miniserie y un largo es el tiempo y los recursos que tenés. El tiempo porque en una película podés tener 4 o 5 escenas en un día y en una serie mucho más. Y el equipo también es acorde al presupuesto. Eso implica que desde el principio sabes que no habrá mucho tiempo para llegar a obtener el resultado esperado, por una cuestión de tiempo y muchos otros factores. Pero creo que, como todo, la filmación es una negociación no solo técnica, también estética. Creo también que un director, que siempre considero el capitán del barco, es el que tiene la película o la serie en la cabeza, y una de las varias cosas que me compete es estar a su lado y ayudarlo en todo lo que pueda para que el resultado final quede como lo planeó y pensó desde el principio. En una serie hay que analizar muchas más cosas, ya que los episodios son varios, es más largo. Hay que tratar de ser lo más efectivo posible y seguir adelante aún sabiendo que algunos planos no quedaron al 100 %. En la economía del proyecto hay que tener en cuenta que no existe solo la fotografía. Es un conjunto de departamentos y sobre todo de los actores y su performance.  Con la colaboración de todo el equipo creo se llega a un resultado final que es la obra que tenía en la “testa” el director. Lo mejor que se puede hacer, sobretodo en una serie con pocos márgenes de error por el tiempo, es tratar de trabajar en conjunto con todas las áreas para que no haya inconvenientes y algunas veces hay que mediar con lo soñado y lo que llegaste a realizar.  “La casa del mar” fue un increíble trabajo de equipo, de lo cual estoy orgulloso y muy feliz. No hubiera sido posible sin la ayuda del increíble equipo técnico que juntaron Rocio y Juan Pablo, y un grupo humano aún más lindo.

– ¿Cómo fue el trabajo de post producción?

El trabajo de post y en particular de color se realizó en 2 semanas, con la preciosa participación de Laura Viviani en la suite de SCRATCH.  Ya con Juan Pablo habíamos trabajado anteriormente en dos proyectos –“Perfidia” y “Abril”-, con lo cual ya sabíamos con quién íbamos a finalizar el color del proyecto. Lo interesante de tener un equipo armado o con quien ya tuviste otra experiencia es que  ya te conoces, cada uno sabe o conoce la necesidad del otro y eso es muy bueno a la hora del workflow del trabajo.

Ya en la previa pudimos contar con la ayuda del color para hacer pruebas y determinar que dirección probar. Además, fueron clave los test cuando pasamos de la 5d mark II a las sony F3. En la 5d usamos un seteo que encontré en la web -VISION COLOR- que resultó muy interesante por su colorimetría. Estábamos buscando algo que tuviera azules en los negros, nos parecía lindo y le encontramos un seteo con estos requisitos. Además, la post en principio nos ayudó mucho a evaluar las limitaciones de las cámaras, sobretodo con la 5d que clipea en las altas muy rápidamente y ratonea en las bajas también. Digamos que tienes un 4/5 stop de latitud. Con la F3 fue mucho más interesante, sobre todo por la diferente compresión de la cámara. Y en especial ayudó muchísimo mejorar el espacio color y la gama de grises con otra cámara. La 5d siempre me permitió sacar lindas imágenes pero comparado con otras cámaras tiene limitaciones evidentes, que igualmente tratamos de solucionar tanto en filmación como en post. Juan Pablo y Laura empezaron el color y le encontraron un tono propio que les gustaba mucho. Yo me sumé una semana después y, más allá de chequear y corregir algunas cosas que me parecía podían aportar algo más, fue un trabajo de equipo donde tenía extrema confianza y tranquilidad en la precisión y pasión de Laura hacia el color y la de Juan Pablo por la fotografía. En fin, fueron 2 semanas de trabajo intenso con rico café y medialuna exquisita.

 

Acerca de la fotografía de “Camino a La Paz”

                       ACERCA DE LA FOTOGRAFÍA DE “CAMINO A LA PAZ”

por Christian Cottet (ADF)

Como opera prima una película en ruta a través de dos países no era fácil encarar. ¿A medida que se acercaba el rodaje cuando el presupuesto disponible se iba dejando ver nos preguntábamos si podríamos contar con un cámara car para remolcar el auto o deberíamos filmar todo desde dentro del auto?… ¿En cualquier caso, también era un desafío no repetir y aburrir en las escenas dentro de auto?

En este género de películas, a los personajes les pasan cosas viajando, hay algo cambiando, quizá cociéndose. Encuadres repetidos o puntos de vista similares no ayudarían a plasmar esas sensaciones. También cierta diversidad visual, aun a riesgo de distraer al espectador, hacen que este desee seguir viendo, desee seguir viajando. Eso es un gran objetivo de cualquier película. Para esto Pancho (Varone) tenía un pequeño catálogo de encuadres posibles que quería usar lo cual fue muy útil.

Creo en tratar de buscar algo distinto para cada encuadre, si hay opciones para agregar algún elemento más al relato mejor, y si no, al menos, mostrar cosas diversas. Puede haber alguna cinematografía que funcione en sentido opuesto y también lo encuentro interesante, pero entre otras cosas siento al cine como una consecuencia más del placer de mirar, la pulsión escopica.

Camino a La Paz tampoco estaba planteada como una película de experimentación narrativa, si no que había un guion muy concreto al que servir en un plan de rodaje apretado. El equipo de técnicos también iba a ser muy ajustado. Con estas cartas sobre la mesa la estrategia final fue tener una cámara de cuerpo pequeño que serviría para mucho trabajo en mano y para filmar dentro de un auto.

Surgió entonces la idea de la Canon C500. Yo ya había probado la Canon C300 en un proyecto anterior donde filmamos en caminos de montaña y la había encontrado muy versátil. Esta hermana mayor, la C500, también con sensor super 35, nos permitía grabar en prores 2k en un pequeño grabador externo.

Como el equipo venia de Holanda pudimos elegir trabajar con solo dos zooms livianos de foco mínimo muy corto, algo de 60cm. Uno era 16/42 y el otro 30/80 De esta manera evitábamos el natural cambio de lente entre una toma y otra. Tampoco había cambio de filtros. Tenía un polaframe y un difusor glimmer glass puestos permanentemente, y además la comodidad de cambiar de neutros con solo tocar un botón, ya que forman parte de un mecanismo interno de la cámara.

Cuando uno usa cámaras prosumer, a veces un gran punto débil es la configuración general del equipo, ya sea por accesorios limitados o de mala calidad que comienzan a fatigarse rápidamente. Por suerte la cámara que vino desde Holanda pudo completarse con los accesorios adecuados.

La usamos en dos configuraciones bastante fáciles de cambiar: completa, para cámara en mano y en algunas monturas de auto o mínima para filmar dentro del auto, esto es solo el cuerpo de cámara, zoom y parasol clip on con el grabador externo emancipado vía cables.

Respecto al monitoreo, no era fácil usar el viewfinder y tampoco me gustaba su imagen, me guié más por el monitor on board, Si bien uno pierde cierta intimidad con lo que está viendo, de a poco va a adaptándose a las reglas del juego: el final será en una pantalla de 8 x 4 mts y pero encuadramos con un monitor de 5” a 30cm o 40 cm de los ojos.

Se grabo en la curva C-log de Canon y visualizamos en algo parecido al REC 709, una función de la cámara llamada view assist.

Por suerte, algo que ayudo mucho a la iluminación fue que el rodaje sucedió en la época del año donde más me gusta la luz, junio. A pesar de que el día es corto, el sol no sube mucho y no agrede al actor con sombras difíciles de rellenar. Los paisajes cobran más textura, sus colores se muestran mejor a diferencia del verano, cuando largas horas de luz cenital lo aplanan todo. No es exacto que la luz baja sea mejor, eso sería relativo a cada proyecto, sino que con luz baja se puede “negociar” mejor los encuadres.

Pancho quiso contar la historia con la cámara en mano, como respirando junto con los actores, y a medida que la historia avanzaba también la cámara se acercaba un poco más a ellos filmando con lentes un poco más angulares.

Para la filmación de interiores en Buenos Aires usamos kinoflos y un par de hmi’s. Las escenas de interior auto día podíamos poner un hmi par como relleno desde el cámara car o a veces gripeado al auto mismo. Usamos también la cámara en 3200 iso en varios exteriores noche. En escenas de interior auto noche iluminamos con tiritas de led Lite Ribbon escondidas en distintas partes del auto.

Poder filmar en alta sensibilidad con un ruido tolerable nos dio la posibilidad de hacerlo casi en cualquier lugar con un mínimo de iluminación ambiente y con nuestros zooms de abertura máxima F2,8

Vale aclarar también que al momento de la proyección todo el asunto “ruido tolerable” se vuelve algo muy subjetivo. En la mayoría de las películas hay escenas de bajas luces con mayor o menor ruido, pero que esto pueda sacarnos del relato tiene íntima relación con lo que estamos contando y la tensión establecida con el espectador.

Toda la filmación de viaje fue hecha sin luz artificial salvo en los interiores de auto donde pudimos contar con un hmi par 1,2 En la etapa boliviana usamos luz solo en la escena del hospital, un farol de leds plano de 20 x 30cm. fue la fuente principal.

La colorización fue un proceso excelente gracias a la paciencia y sensibilidad de Luisa Cavanagh, que junto a la suite del Scratch en Cinecolor fueron otro lujo más para el proyecto

Las referencias que Pancho (Varone) tenía en mente era en general bastante suaves de contraste y ligeramente descromatizadas como Kynodontas, Y tu mama también, Goodbye Solo. Creería que esta última pudo haber sido la más cercana en términos de recursos disponibles o al menos en como esta filmada.

Finalmente estoy contento con los resultados. Fue una película honesta, muy austera dentro y fuera de la pantalla. Un proceso donde a cada pieza se le fue encontrando lugar, donde cada recurso disponible fue optimizado al máximo sin desmerecer el trabajo de nadie.

ACES para el Cine Independiente

                                       ACES PARA CINE INDEPENDIENTE

07 de mayo de 2018 Debra Kaufman
(Traducción de Edi Walger de la primera parte. Nota original de Debra Kaufman para American Cinematographer completa aquí)

Black Panther , Guardianes de la Galaxia 2 , Thor: Ragnarok … la lista de éxitos de Hollywood que han utilizado ACES (el Sistema de Codificación de Color de la Academia) es una legión. Lo que es menos conocido es la cantidad de películas, comerciales, programas de televisión e incluso videos corporativos con un presupuesto mucho más reducido que se están realizando también con el pipeline ACES.

El director de fotografía Geoff Boyle, NSC, FBKS se enteró́ de ACES poco después de su presentación en 2014. Para él, es especialmente ideal para proyectos de bajo presupuesto donde no hay presupuesto para grading on-set o manejo de archivos digitales complejos. “Control, repetibilidad, previsibilidad”, dice. “Donde sea que vayas, ACES es el mismo, y esa es una buena noticia para todos”.

Para el director de fotografía Andrew Shulkind , “ACES es una obviedad para los directores de fotografía. Especialmente para películas más pequeñas en las que tienes que luchar para entrar en la sala [de clasificación de color] “.

“Si ingresaste a Post implementando ACES, lo que vas a ver en la pantalla es lo que filmaste, y todavía sin haber sido tocado por un colorista. …Me encanta la idea de tener “referencia” de nuevo”.

Los cineastas que han adoptado ACES están tan entusiasmados con sus beneficios que están desconcertados por el hecho de que los demás directores de fotografía no defiendan un flujo de trabajo ACES. Dicen que en parte se debe a la falta de conocimiento sobre lo que ACES puede hacer, así como a la mala comprensión de que “será más complicado” o “terminará siendo más caro”. Las casas de Post pueden resistirse, señala Shulkind, si, erróneamente, piensan que ACES revelará o les quitará su “receta secreta” de administración de color.

ACES Redux (la novedad)

Primero, una mirada a lo que es ACES, y no es. La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas lo describe como un “sistema de intercambio de imágenes y gestión del color independiente y abierta, independiente del dispositivo”. ACES fue desarrollado por científicos, ingenieros y usuarios finales bajo los auspicios de AMPAS para garantizar la consistencia del color durante toda la vida de una película, producción de televisión o cualquier otro proyecto de video que lo implemente. Lo que hace es garantizar una experiencia de color consistente para “preservar la visión creativa del realizador… desde la captura de imágenes hasta la edición, VFX, masterización, presentación pública, archivo y remasterización futura”.

ACES es ideal para una producción que utiliza una variedad de cámaras y formatos, o para cualquier producción que implique una colaboración global en la que los assets se compartan a través de archivos de imágenes digitales. Pero ACES no fue diseñado únicamente para producciones complejas. De hecho, dicen estos cineastas de ACES, que es de uso gratuito, ahorran dinero y tiempo en postproducción, especialmente al momento de generar los diferentes delivery formats: “ACES puede escupirlos todos desde el mismo master”, dice Shulkind.

La jerga ACES incluye los términos IDT (transformación del dispositivo de entrada) y ODT (transformación del dispositivo de salida). En pocas palabras, IDT traduce el formato de datos de imagen específico de cámara o escáner hacia ACES. Los fabricantes de cámaras y escáneres proporcionan estas transformaciones de entrada, ya que son los que más saben sobre cómo funciona su producto. Los IDT son utilizados por sistemas de visualización en el set, software de efectos visuales y sistemas de corrección de color. El ODT es una transformación de color que convierte la imagen de ACES en valores que permiten su correcta visualización para cada dispositivo, y está diseñada para utilizar al máximo el rango dinámico, la gama de colores y otros parámetros propios de cada dispositivo de visualización.

ACES en acción

Geoff Boyle, NSC, FBKS

Boyle señala que la antigua producción en fílmico proporcionaba un sistema infalible para la consistencia del color. “Cuando adoptamos totalmente el digital, esto se convirtió en el Far West”, dice. Cuando ACES fue presentado, Boyle lo probó y le gustó lo que consiguió. “Era un estándar”, dice. “Si ingresaste en ACES, lo que veías en la pantalla era lo que filmabas, y no había sido tocado por un colorista aún. Me encanta la idea de tener Referencia de nuevo “.

“Con ACES, el director de fotografía tiene el control “.

Desde entonces, Boyle ha realizado presentaciones sobre ACES en NAB y HPA, así como para ejecutivos de Netflix, Amazon, YouTube, Universal y HBO. “Desde su punto de vista, es genial para [generar contenido] estar a prueba del futuro”, explica Boyle. “Si lo han corregido de color y almacenado en ACES, el master puede volver a ser renderizarlo para cualquier sistema futuro”.

Con el consultor técnico de Antler Post-Production Services , Nick Shaw, Boyle desarrolló flujos de trabajo para una variedad de proyectos y creó LUT especializadas. “Ahora tenemos LUTs que tomarán la salida Log de cualquiera de las cámaras que usemas, y aplicamos un IDT, la RRT y el ODT, todo desde la LUT”, dice Boyle. “Entonces, en el monitor HD Rec.709 del set, siempre y cuando tengas una LUT Box, podés ver todo el proceso ACES en el mismo set. Entonces no importa dónde corrijas color en Post: simplemente aplicando el IDT y el ODT, y se volverá a ver exactamente como se vió en el set”.

“Con ACES, el D.F. tiene el control”, continúa Boyle. “Si podés trabajar con un director mientras filmás y conseguís el look que querés en el set, estará entonces totalmente bajo control hasta el final. También es totalmente modificable, pero al menos reproducirá fielmente lo que querías ver en el set”. En su primer intento, utilizó ACES en la película independiente Bait , pero solo para monitoreo y Color Dailies. Luego se encontró con dificultades para realizar los efectos visuales en el mismo espacio de color. “Me di cuenta de que la única forma de tener consistencia total era implementar ACES en todo el flujo de trabajo”, dice. “Está diseñado justamente para integrar el trabajo de VFX”.

Recientemente, Boyle terminó su trabajo en su primer flujo de trabajo de ACES completo, para Attack of the Adult Babies , por solo $ 250,000. “Seguí exactamente el proceso [descrito arriba]”, dice. “La post se terminó en Río de Quantel, todos trabajando en ACES, todo se veía como debía verse, sin incongruencias”. La película se estrenó en la pantalla IMAX en el Empire Leicester Square. Boyle también ha estado trabajando en el proyecto de la Academia para dirigir la película de 1999 The Troop, dirigida por Marcus Dillistone y filmada por Alex Thomson, BSC, a través de un pipeline ACES con fines de generar archivo.

Shulkind aprendió de ACES con el colorista de “Apache-Color” Shane Reed. “Él me mostró lo que era posible, y me emocioné con las perspectivas”, dice Shulkind. “Desde entonces tuve conversaciones con Andy Maltz [ director de gestión del Consejo de Ciencia y Tecnología de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas] al respecto. Y he dado charlas a los directores de fotografía sobre por qué es algo por lo que vale la pena luchar “. Shulkind inmediatamente comenzó a usar ACES en comerciales. “Con comerciales, mi disgusto fue cuando no estaba involucrado en el proceso de post”, explica. “El colorista lo usaba por primera vez. No fue una mala experiencia, pero nunca tuvimos esas conversaciones sobre lo que estaba buscando con el material”.

Shulkind encuadra durante el rodaje de The Vault con una Canon C300 Mk II.

Shulkind utilizó por primera vez ACES para todo un largometraje en 2017 en The Vault , que tenía un presupuesto de $5 millones. “Estábamos filmando en Atlanta y trabajando con una casa de Post de ahí, Moonshine Post-Production “, dice Shulkind. Ellos no habían manejado todavía un proyecto en ACES, y para evitar confusiones Shulkind los conectó con Scott Dyer, un ingeniero de imágenes del Consejo de Tecnología de AMPAS, quien los guió a través del flujo de trabajo de ACES.

“Filmé The Vault con dos cámaras Canon C300 MKII , aunque se piense que sólo se usa el ACES cuando tenés que filmar mezclando diferentes cámaras”, dice Shulkind. “Eso simplemente no es verdad. Y algunas casas de Post están preocupadas de que el uso de ACES de alguna manera haga que su “ingrediente secreto” respecto al flujo de trabajo sea irrelevante o que pierdan su identidad, aunque pueden conservar sus ingredientes secretos en el Debayering.  Y su verdadero ingrediente secreto será la artística de casa de Post “.

“Incluso si no usas ACES en el set, aún tienes el IDT de la cámara que usaste, y puedes elegir ACES en editorial o publicar en cualquier parte del proceso”.

Shulkind continúa formando en ACES a casas de Post durante cada proyecto. Para un comercial de Pepsi, trabajó con Creators League Studio, la agencia interna de marcas de refrescos, y los incorporó al tren de ACES. “Filmamos con Alexa Mini e implementamos ACES en todo el proceso”, dice. Aunque la mayoría de sus conversaciones sobre ACES se llevan a cabo con casas de Post, Shulkind dice que sus conversaciones con el director y la productora son limitadas. “Algunos directores no tienen suficiente ancho de banda para intentar comprender esto”, dice. “Cuando escuchan, solo decimos, ‘Vamos a hacer que se vea como se supone que debe verse al final’. Cuando le digo a la producción que hay algo que puedo hacer para ahorrarles dinero, se entusiasman y no quieren los detalles “.

Shulkind también señala que, en el mejor de los casos, la producción usa ACES desde la captura de imágenes hasta los deliveries, pero no es obligatorio. “En el set, el DIT usa una transformación de entrada, y luego está la transformación de salida, de modo que cuando ingresas a edición, miran el material con las transformaciones correctas”, dice. “Pero incluso si no usas ACES en el set, aún tienes el IDT de la cámara que usaste, y puedes implementar ACES recién en edición o post en cualquier lugar del proceso”. Cuenta que ha implementado ACES recién en la post porque la producción se complicó demasiado para empezar a adoptarlo, o el DIT no estaba familiarizado con ACES todavía.

Shulkind cree que los fotógrafos deberían ser los que aboguen por implementar ACES en el flujo de trabajo. “Con la captura en RAW, la cámara no graba la información de balance de blancos”, dice. “No está grabando luz día o tungsteno. Cualquier colorista puede trabajar eso si no llegás a estar en el grading, o si no te pagan para ir a la post… a menos que uses ACES “.

Él piensa que ACES es especialmente útil para películas pequeñas. “Todos van a trabajar para que [una película de gran presupuesto] se vea bien”, dice. “Pero si no es esa película y ojos expertos pueden no participar en ella, debes asegurarte de que todas las decisiones se tomen en pos de la película”. Si tenés dos días de color grading en vez de dos semanas, es posible que la imagen no se vea uniforme o que los tonos de la piel no sean buenos. Con ACES, evitas todo eso “.

La necesidad de ACES también se vuelve más importante con la llegada de las cámaras wide gamut y pantallas HDR. “Tenemos que dejar nuestra marca en lo que hacemos, para que no tengamos que rehacer el color cada vez que lleguemos a una suite”, dice. “ACES nos ayuda a asegurar eso”.

“Le expliqué que podría llevar tres semanas programar una película, pero con ACES solo tomaría tres días”.

“La salada” y “La huella en la niebla”

                                  “LA SALADA” Y “LA HUELLA EN LA NIEBLA”

Tebbe Schöningh (ADF) comparte anécdotas sobre su trabajo como Director de Fotografía y Operador de Cámara en dos recientes producciones: “La Salada” (2014), de Juan Martín Hsu, cuenta una historia de inmigrantes en la Argentina, a través de tres personajes, de diferentes orígenes, que se encuentran en un lugar común: la feria de La Salada. Y por el otro lado, “La huella en la niebla” (2014), de Emiliano Grieco, un drama oscuro que se desliza por las aguas desde una Isla del Paraná.

¿Cómo fue la experiencia de filmar en La Salada?

TS: Uy… Fue una experiencia particular… Increíblemente caótico, muchísima gente, incontrolable, lo menos habitual para un set de filmación para una ficción, te diría. Por el otro lado fue muy interesante filmar una ficción en estas circunstancias. Aunque, no quedo tanto de La Salada en la película, por cuestiones narrativas que se corrió un poquito hacia otros lados. Muy interesante, muy difícil también, pero un lindo desafío.

¿Cómo fueron superando esos desafíos desde lo técnico?

TS: Primero fue un desafío de producción, porque teníamos un equipo de filmación que tiene sus necesidades. Después también una realidad es que no caíamos al lugar y todo se cambiaba en función del rodaje de una película, sino que nosotros teníamos que adaptarnos al lugar. Por ejemplo, podía suceder que teníamos una locación confirmada y la noche anterior nos decían que no podíamos filmar ahí. Entonces constantemente nos tocaba improvisar cosas que en un rodaje industrial se trata siempre de organizar de la mejor manera posible, porque todo tiene un costo, obviamente.

Fue muchísima improvisación, y eso también técnicamente. Mi foquista, Bruno Carbonetto, creo que los primeros tres días decía “tomo una marca”, y después le decía no, olvídate, vamos así, vamos estilo libre. Antes de arrancar la película, yo tome unas decisiones para justamente tener cierto margen en el control de la imagen que nos iba a facilitar un poco las cosas. Por ejemplo, filmamos con una Red Scarlett, yo quería una captura en Raw, pero usamos Super 16 para tener más profundidad de campo y también más posibilidad de manejar la descarga de la cámara, porque filmando en 4k iba a ser imposible… O sea, el data manager iba a correr como loco de una punta de la Salada a la otra. Para llegar de este lugar de filmación al camión eran cinco minutos pasando por miles de personas. Entonces, fue una opción que terminamos tomando, filmar a 2k con lentes Super 16, teníamos un poco más de profundidad de campo, data manejable, y también un look un poquito más… Una estética que el director y yo considerábamos más adecuada para lo que es el lugar de la Salada, y lo que es la historia de la película. Manejamos lentes Super 16 de Arri. De parte de producción nos proponían una f3, por ejemplo, y era un look de video que no queríamos. Y trabajando en 2k nos dimos cuenta que es un poco amable, de alguna manera, más orgánica la imagen. Y daba ciertas ventajas técnicas… para poder filmar en semejante lugar con cierto control sobre la imagen. Por ejemplo, para mí fue muy importante la captura en Raw, en un formato comprimido, y por lo que vimos era algo que nos rindió bastante bien para la producción de este rodaje.

 ¿Cómo fue la propuesta estética, como abordaste ese trabajo y el trabajo con el director?

TS: Pasaron un par de años ya… A ver… La película es, lo que se llama, coral. Diferentes historias en paralelo, que convergen en un punto. Tratábamos de encontrar una estética particular para cada personaje, sin abandonar una línea estética global de la película, y digamos, reforzar ciertas cosas con cada personaje. Entonces teníamos por ejemplo el personaje de Bruno, que era un personaje que llega a la Argentina desde Bolivia, junto con su tío, y queríamos trabajar colores cobres, marrones, que representan un poquito los colores del lugar de donde viene. Entonces, en conjunto con la excelente directora de arte de la película (Paz Gallo), empezamos a trabajar sobre el concepto de color de cada personaje. El personaje de Wan, que en la película hace de un chino que está lejos de su familia, habla con su familia por teléfono, es una persona que vive de noche y vende películas truchas en la Salada. A él le dimos una especie de look más artificial, con colores más artificiales, más neón, más contrastado, más saturado todo. Por un lado porque representa una estética, por decirlo de alguna manera, asiática. Por el otro, porque es un personaje que vive en una especie de burbuja apartado de la realidad. Su vida nocturna, las películas que copia y luego vende en la misma Salada… Entonces, tratamos de hacer un trabajo sobre los personajes que podíamos controlar. Otro personaje es el de la coreana con su padre, que también ahí tratamos de encontrar ciertas referencias coreanas. Las propuestas eran más que nada de colores, que representen de alguna u otra manera el lugar de origen de estos personajes. En el caso de los coreanos eran un poquito más apastelados. Lo que pasa es que filmábamos varias escenas en el hogar de los personajes, entonces teníamos la posibilidad de mostrar un mundo que es su mundo, su mundo fuera de la Salada. Allí, en los hogares, teníamos la posibilidad de trabajar más que nada con el arte, en la cuestión más que nada de colores y del vestuario.

Después, era clarísimo que todo lo que era en la Salada se iba a filmar de un modo cuasi documental. Para poder filmar, había un ida y vuelta entre el lugar y la estética de la película. Para poder filmar la ficción sin que todo el mundo mire a cámara, teníamos que pasar desapercibidos dentro de este lugar que es la Salada, lo cual es muy difícil obviamente, pero usamos ciertas estrategias para que, por lo menos, no se diera cuenta todo el mundo de que se estaba filmando una película. Porque cada persona que pasaba frente a cámara se volvió de una u otra manera un extra de la película, ¿no? Entonces, hemos utilizado muchos lentes largos, un equipo muy reducido, mucha cámara en mano, y tratábamos también de una u otra manera de escondernos. Mirar, en la Salada, desde lejos hacia nuestros personajes.

 ¿Cuánto tiempo tomó el rodaje, la previa, la post?

TS: Fueron cinco semanas de rodaje. Mi previa en la película fue de 3 semanas, y luego teníamos 2 semanas de post producción. La película gano un premio de cine en construcción de San Sebastián, y con eso hicimos post producción en Deluxe, en Madrid. Hicimos corrección de color ahí, lo cual fue excelente, muy buen trabajo el de Deluxe. Teníamos ganas de ampliar a 35 mm, para de alguna manera devolverle algo de textura al material digital, devolverle una textura química. Pero no se hizo lamentablemente la copia a 35… Así que la copia final será en dcp.

En comparación con el trabajo en La huella en la niebla…

TS: Nada que ver… Mirá, “La Huella en la Niebla” nace como película a partir de un documental que escribió el mismo director (Emiliano Grieco). Hizo un documental que se llama “Diamante”, es un documental que filmo él sólo con su 5d en la zona de en Entre Rios cerca del Paraná. Y terminó ficcionalizando algunos aspectos de su documental y cosas que había visto ahí. Entonces vino con una propuesta muy fuerte, muy clara, diciendo “yo quiero esto”. Quería, cosas que de ninguna otra manera son típicas para la 5d, que es por ejemplo, muy poca profundidad de campo, cámara en mano… En base a esa propuesta, queríamos desarrollar algo un poquito diferente por lo menos, pero quedaron ciertos elementos, por ejemplo el elemento de la poca profundidad de campo. Trabajamos en mano, con la Alexa, casi toda la película en mano, lentes en tendencia tele, creo que el 80% de la película lo hicimos con un 40mm… Estábamos buscando un look, que por un lado representara la cuestión del agua en la película, que es central. Entonces intentábamos que la cámara flote, que no esté parada. De hecho flotaba literalmente cuando nos subíamos a canoas o a pequeñas lanchas con la cámara y filmábamos de una lancha a la otra. La cámara además camina mucho… Y por el otro lado, también queríamos que la imagen sea orgánica, que no tenga tanto contraste, que se aleje de un look de video por decirlo de alguna manera… Hice pruebas y me terminaron de convencer unos High Standard XX 2.1, lentes que están un poco bastardeados para mucha gente. Hay muchos a lo que no les gustan, son lentes que tienen poco contraste, más si los trabajas con el diafragma full open, que era una de las propuestas, porque queríamos poca profundidad de campo.

Es una película que no es muy colorida, en comparación con “La Salada”, que es todo color y mucho neón. En “La huella en la niebla”, en cambio, estábamos justamente tratando de evitar colores puros. Trabajando más que nada marrones, tratando de des-saturar, verdes, los colores tierra y los colores normales de estos lugares.

Lo que tienen en común ambas películas es que se trabajó con muy poca luz artificial. Tratamos de, por ejemplo, iluminar utilizando fuentes en cuadro. En la película de Emi, hay muchos nocturnos, y no queríamos que parezca noche de lobo, o sea no queríamos simular una falsa luna, una luz que no pueda llegar a existir. Entonces dentro de lo posible lo iluminábamos con fuentes que existen en el lugar. Son lugares en los que no hay electricidad, en las islas del Paraná, entonces iluminábamos mucho con fuego, por ejemplo, y ocasionalmente agregábamos algo de luz artificial, para poder ver, porque no se veía nada al ser lugares lejos de cualquier fuente de iluminación artificial. 

¿Alguna vez habías trabajado iluminando con fuego? ¿Cómo lo trabajaron?

TS: Sí, había hecho cosas iluminadas con fuego antes pero no a esta escala. Hay una escena en la que se prende fuego el rancho del personaje en un pastizal. Y lo prendimos fuego, al pastizal y al rancho del personaje, no había manera de prenderle fuego este rancho dos veces y tenía que salir… Salió, más o menos, pero salió. Y fue un desafío en el sentido de poder controlar este fuego. Hay otras escenas que no son tan espectaculares en el sentido en que no se prende fuego nada, y hay personajes conversando al lado del fuego. Hay que mantener más o menos el nivel del fuego entre corte y corte, y además mantener un fuego durante dos horas, tres, mientras hacíamos todo eso, ¿no? Y… es algo más difícil que prender una lámpara, entonces el Gaffer Diego Gesualdi también tenía un desafío porque de repente no es cablear y poner faroles sino hacer fuego.

Hay una gran diferencia de locaciones y género entre ambas películas. ¿Cómo pensaste la fotografía desde el género?

TS: En el caso de la película de Emi, es una película que tiene muchos elementos de thriller. Es una película de suspenso. Entonces uno piensa en qué niveles se va a trabajar. Es una película oscura, realmente oscura, literalmente oscura y lleva un trabajo muy a los extremos en lo que se banca el censor de la cámara. Técnicamente, no es lo más kosher subexponer tanto el censor, pero para mi era necesario, porque la película tenía elementos del género thriller. “La Salada” fue distinto porque tiene tonos más claros, tonos más cómicos, por decirlo de una manera. En “La Salada” el género no está tan claro, no es tan marcado, pero en “La huella en la Niebla” sí, hay elementos de género ahí.