”El Resplandor” de Stanley Kubrick

Desarrollo de ”El Resplandor”, de Kubrick

Los cuatro años que separaron “La naranja mecánica” de “Barry Lyndon” se prolongaron en uno más entre este film y el estreno de “El Resplandor”. Como explicación, Kubrick diría que este período depende del tiempo que emplea en encontrar el substrato literario adecuado. Concretamente, en este caso, fue un ejecutivo de la Warner quien le envió la novela homónima de Stephen King, un escritor de terror a quien el éxito ya había sonreído después de la adaptación de Carrie a la pantalla. No obstante, hacía algunos meses que el cineasta buscaba algún tema cercano a este género y, con mayor precisión, al tema de seres que regresan del más allá. Según Diane Johnson, futura coguionista de El resplandor, Kubrick ya se había interesado previamente por ”una de mis novelas. Se trata de The Shadow Knows. Además, había leído otros escritos míos, en The New Yorker Review of Books, por ejemplo. Me telefoneó y precisamente yo debía ir a Londres en aquel momento”. Era casi seis meses antes de que encontrara finalmente Shining. Después de encontrarlo, me volvió a telefonear; leí el libro y decidí volver al Londres. (1) Posteriormente, desde el 24 de mayo de 1977, la actriz Shelley Duval sabía ya que había sido seleccionada para encarnar la protagonista del film junto con Jack Nicholson y el pequeño Danny Lloyd, elegido entre varios miles de candidatos. Sin embargo, Kubrick empleó todavía otros doce meses en preparar los decorados de su personal ”sinfonía del horror” dispuesta a sentar las bases de ese subgénero en la misma medida que “2001, una odisea espacial” lo había hecho respecto a la ciencia ficción. Por ese motivo, con el fin de reconstruir el hotel donde transcurre la mayor parte del film, ”el director artístico Ray Walker recorrió durante meses toda América fotografiando hoteles, apartamentos y otros lugares que pudieran servir de referencia. Fotografió cientos de sitios y, basándose en esas fotografías, elegimos las que nos gustaron, y entonces los dibujantes realizaron los dibujos de trabajo sobre esas fotografías, pero conservando la escala exacta”. (…) Todos los detalles del decorado están fielmente copiados de edificios e interiores auténticos. El exterior del hotel Overlook está basado en un hotel de Colorado, y los interiores, de muchos sitios distintos, son todos existentes. El retrete rojo y blanco, por ejemplo, donde Jack habla con el camarero Grady, que le ha tirado una bebida encima, es un retrete construido por Frank Lloyd Wright, que mi director artístico encontró en un hotel de Phoenix (Arizona) (2). La fachada principal, por su parte, se inspiraba en un complejo turístico llamado Timberline Hotel, en las montañas de Oregón, del que también se reconstruyó un gran interior con la recepción y un gran circuito de corredores, escaleras y salas de doble nivel. Otro punto importante fue el laberinto que, en su forma estival, se construyó en los viejos estudios de la MGM en Borehamwood. En cambio, para las escenas invernales fue desmontado y reconstruido en el plató núm.1 de los estudios EMI, en las afueras de Londres, donde la nieve fue simulada con sal y espuma Styrofoam aplicada sobre las ramas de pino que cubrían las paredes laterales. En su afán por disponer de los últimos adelantos técnicos, a través de Ed Di Giulio, quien ya había adaptado los objetivos Zeiss a una cámara convencional para el rodaje de los célebres interiores de Barry Lyndon, Kubrick consiguió paralelamente la posibilidad de experimentar los recursos de la ”Steadicam ” en ese escenario convertido en un campo de pruebas para esa nueva cámara de brazo articulado capaz de recorrer, transportada por su operador Garret Brown, los vericuetos del decorado, ya fuera siguiendo al pequeño protagonista por los pasillos del hotel que éste recorre en un coche de pedales, ascendiendo las escaleras tras la confrontación entre Wendy -armada con un bate de béisbol- y su marido o a través de las nevadas paredes del citado laberinto (3). Finalmente, justo después de un año que Shelley Duvall fuera convocada, el rodaje se inició el 2 de mayo de 1978. Se habían previsto 17 semanas de rodaje, pero se prolongaron a 27 debido a las molestias que Jack Nicholson sufría en su espalda y los once millones de dólares inicialmente previstos para la producción aumentaron hasta cerca de veinte. Por lo tanto, desde mayo de 1978 hasta abril de 1979, Kubrick mantuvo cerrados y en secreto los decorados utilizados durante ese largo rodaje al que después siguió un no menos extenso período de postproducción, que finalizó poco antes del estreno del film durante el verano de 1980. Sobre el resultado de la adaptación, Stephen King no ocultó sus discrepancias en relación al film y una muestra de sus declaraciones se encuentra reproducida en el apartado sobre ” Kubrick y sus colaboradores”. Diane Johnson, la coguionista, se limitó a afirmar que ”los cambios que hicimos no fueron muy importantes. Quizá excepto en el montaje, donde Kubrick cortó algunas escenas del principio que habíamos decidido conservar, escenas de la vida doméstica, con la familia descubriendo el hotel… O también los insectos, las abejas (creo que había abejas en el libro) y pequeños trucos como ésos, para asustar, fueron sacrificados. (…)Aquello que interesaba a Kubrick era asustar a la gente actuando simplemente sobre el espíritu, sobre las emociones que despierta el grupo familiar.”(4) Una vez más, por lo tanto, la operación del cineasta consistía en trasladar una serie de elementos ajenos a un discurso propio que volvía a traspasar la mera brillantez formal para penetrar en un diabólico juego de anticipaciones dramáticas, referencias mitológicas o autocitas a un universo cada vez más autosuficiente. De acuerdo con la secuencia temporal y espacial que plantea, El Resplandor propone -ante todo- un juego de anillos concéntricos donde- en una estructura similar a la de Lolita- cada uno de ellos anticipa elementos de los siguientes. Unos rótulos dividen el film en diversos segmentos que, inicialmente son meramente coyunturales ”La entrevista”, y ”Día de Cierre”- posteriormente entran en una dinámica cronológica con un ritmo progresivo: empiezan con ”Un mes más tarde”, siguen con ”Martes”, ”Jueves”, ”Sábado”, ”Lunes” y ”Miércoles”, y finalizan con ”8 de la mañana” y ”4pm”. Simultáneamente, si las primeras imágenes están rodadas desde un helicóptero que sigue el trayecto de un coche en el que viajan los protagonistas, esa misma sensación de situaciones regidas desde una óptica superior se transmite a escenas como la que muestra a Jack mirando a Wendy y Danny caminando por el interior de la maqueta del laberinto, aquélla en la que el pequeño Danny juega con coches en miniatura por los dibujos de una inmensa moqueta o ese final donde el laberinto – un elemento incorporado por Kubrick para substituir el seto original de la novela donde una serie de animales tallados adquirían vida- vuelve a jugar un papel fundamental – desde el punto de vista dramático y mitológico- en la anulación de cualquier lógica de tiempo y espacio.

John Alcott DF

Revelándose como una atípica cinta dentro del género de terror, El resplandor rehuyó la oscuridad y la creación del miedo que proporcionan la explicitud visual y el sobresalto. A cambio, Alcott optó por una luminosidad potente, conseguida a través de los denominados “prácticos” (puntos de luz visibles en el encuadre como partes del decorado, generalmente en forma de lámparas) y una atmósfera que alterna la incertidumbre con la desviación de las imágenes de lo perceptible al subconsciente. Tan extraña fue la película en todos los sentidos que, además, consiguió zafarse de algunos movimientos de cámara predilectos del director, como el gran angular y el zoom.

Garret Brown y la Steadycam en El Resplandor

Garret Brown y la Steadycam en El Resplandor “Me llevaron a visitar rápidamente los decorados, incluido el monumental, en exteriores, del hotel Overlook y aquel, inmenso y complejo, de la sala Colorado, con su circuito de pasillos, escaleras y salas a dos niveles. Mi excitación aumentaba a medida que descubríamos un rincón detrás de otro, ya que cada recoveco inesperado ofrecía nuevas posibilidades a la Steadycam. Habíamos empezado a convenir que yo alquilaría una parte del equipo más sofisticado a Kubrick y que yo sólo estaría poco tiempo en Inglaterra, lo necesario para formar a un operador. Pero mientras deambulábamos, adquirí la convicción de que me encontraba ante una ocasión prácticamente única. Kubrick no hablaba sólo de planos de cascadas y escaleras. Pretendía utilizar la Steadycam tal como había sido concebida, como un instrumento que permite situar el objetivo en el lugar y en el momento deseados, sin los límites habituales de la dolly y de la grúa.  “El decorado de la cocina era gigantesco, con pasos que serpenteaban entre los hornos y las neveras. Los decorados del apartamento eran maravillosamente exiguos. La suite 237 era elegante e inquietante. El hotel Overlook se convertía, en sí mismo, en un laberinto. Lugares con una desproporción absurda para los actores que, sin embargo, acababan por ofrecer una impresión de claustrofobia. Eran decorados fabulosos para una cámara móvil. Uno de los planos del que más se ha hablado es la extraña secuencia en la que se sigue a Danny pedaleando a gran velocidad por los pasillos sobre su cochecito de plástico. El sonido es ensordecedor cuando corre sobre el parquet para apagarse bruscamente cuando atraviesa una alfombra. El objetivo debía encontrarse a algunos centímetros por encima del suelo y desplazarse rápidamente muy cerca del vehículo, delante o detrás de él. “Intenté hacerlo andando, pero después de una toma de tres minutos estaba tan exhausto que hubiera sido incapaz de dar las instrucciones para mi entierro. Además, a esa velocidad, casi no podía acercar el objetivo a menos de 45 cm del suelo. Decidimos montar la Steadycam sobre el sillón con ruedas Ron Ford, prototipo que Stanley había contribuido a crear unos años antes y que todavía tenía a su disposición. Se trata de un aparato muy útil. Se puede desplazar en todas direcciones y el asiento se puede mover según las exigencias del plano (…). Así estábamos equipados para desplazar suavemente la cámara sobre las alfombras y sobre el suelo a gran velocidad y a cualquier altura, hasta algunos centímetros del suelo. El resultado, como se puede ver, es espectacular”.

Garret Brown, ”The Shining and the Steadicam ”, American Cinematographer, Hollywood, agosto 1980
www.apocatastasis.com  – El espectador imaginario

 

John Alcott DF de “La naranja mecánica” de Stanley Kubrick

                     John Alcott DF de “La naranja mecánica” de Satnley Kubrick

 La naranja mecánica, pese a que fuera filmada bajo el contexto de influencia de la Nouvelle Vague, que dio lugar a la denominada corriente de autor dentro del cine, produjo una fuerte conmoción tanto en la crítica como en el público, debido en buena medida a su explícita representación de la violencia, nunca plasmada así en el celuloide hasta entonces (aunque hoy su impacto visual haya sido ampliamente rebasado). La crudeza de ciertas escenas provocó que la cinta retrasara su estreno en muchas regiones, incluido su país de producción. Ni que decir tiene que Alcott tuvo parte de la “culpa visual” en este escándalo. Sin embargo, la película presentaba una dicotomía también inédita en la gran pantalla: en contraposición a su agresividad, ofrecía una majestuosa oda a la belleza derivada de la práctica de las artes.

Las principales armas de Alcott en este polémico trabajo fueron los travellings y los claroscuros. Los primeros, nunca gratuitos, responden siempre en el cine de Kubrick a una funcionalidad, habitualmente de perspectiva; ya sean laterales, hacia atrás o hacia delante, es una constante que suele emplear, siempre ligada a la profundidad de la composición. Una gran parte de las secuencias del film se iniciaron con un travelling (ejecutados, según una idea improvisada del cineasta, colocando la cámara sobre una silla de ruedas), siendo uno de los más famosos el que se advierte en el primer plano (secuencia) del metraje: desde la cara desafiante del protagonista, Alex, la cámara se mueve hacia atrás mostrando la surreal decoración del “Korova Milkbar” que, desde los primeros segundos, definió el marco atemporal en el que se desarrollaría la historia. Al igual que éste y otros movimientos parecidos denotaban temor y respeto hacia los malvados protagonistas, en otras escenas, Alcott logró hacernos empatizar con ellos, como en la pelea “rotativa” en la casa de la mujer de los gatos, o en la caída de Alex por la ventana de la casa del escritor al intentar suicidarse.

 

En La naranja mecánica también tuvieron especial relevancia las pruebas con la velocidad de la imagen. El más claro ejemplo: la variación del número de fotogramas por segundo, de veinticuatro a dos, en la grabación de la escena en la que Alex se acuesta con las dos chicas en su casa, provocó una frenética aceleración al ser proyectada de nuevo a veinticuatro fotogramas. El abuso de la cámara lenta (en combinación con el zoom) dotó a determinadas imágenes de ese carácter violento que se pretende subrayar en un film con escaso presupuesto para incorporar efectos que pudieran haber facilitado esta labor.

Kubrick decidió emplear técnicas modernas para iluminar espacios naturales, pues no tendía a rodar en estudio. El contraste entre la oscuridad (el bar y la noche) y la luz (hospital, casas) es evidente y regula la personalidad de Alex en cada momento del film. La película se iluminó casi en su totalidad por “fotofloods” (fuentes intensas de luz blanca) en lugar de fuentes de luz natural -de presencia justificada en la imagen-, haciendo rebotar la luz contra los techos o contra pantallas reflectoras especiales.

El Espectador Imaginario

Javier Moral – Setiembre 2010

 

Fotografía de John Alcott (B.S.C) en “Barry Lyndon”

Fotografía de John Alcott (B.S.C) en “Barry Lyndon”

A finales de los años sesenta (1969), Stanley Kubrick estaba preparado para rodar una película a cerca de un personaje que él admiraba, Napoleón Bonaparte. Sin embargo, debido a una crisis que sufrió la Metro Goldwyn Meyer (MGM), el proyecto no salió adelante. Pero tras ‘La naranja mecánica’ (A Clockwork Orange, 1971) y gracias a la asociación de la Warner Bros, decidió adaptar la novela de William Makepeace Thackeray Memorias de Barry Lyndon, Esquire de 1856. Con ella el maestro neoyorquino lograba plasmar ese universo napoleónico en Barry Lyndon (1975).

Kubrick quiso crear con fidelidad la época del siglo XVIII bajo una estética pictórica y grabar con luz natural. Como esto último era complicado y debía ser estudiado al detalle contó de nuevo con el director de fotografía John Alcott, con quién trabajó anteriormente en 2001; A Space Odyssey y A Clockwork Orange.

Existe el falso mito de “Barry Lyndon es la primera película con iluminación natural de la historia del cine sin el uso de iluminación artificial.” Las escenas esenciales, se rodaron en invierno entre las nueve de la mañana y las tres de la tarde para aprovechar la luz del Sol. “Puse papel calca en las ventanas e instalé reflectores con el fin que en el momento que el Sol se acostara pudiésemos pasar a la luz artificial y continuar el rodaje. Pero esta iluminación (seis reflectores flood) estaba basada sobre la iluminación natural.” 

 

En los interiores, el uso de la luz natural que procedía de las ventanas lograba diferenciar las sombras de las luces sobre los personajes de manera muy natural. En cuanto a los exteriores, el uso de reflectores evitaba las luces de relleno cuya función es suavizar las sombras duras.

Un reto tanto para Kubrick como Alcott fue el de filmar escenas nocturnas a la luz de las velas sin la utilización de focos. En aquellos años no existían lentes capaces de impresionar una película con tan poca luz. El director se pasó tres meses buscando una hasta hallar un modelo de lentes de una cámara Zeiss de 50 mm perteneciente a la NASA. Otros afirman que se inventó una cámara exclusiva para Barry Lyndon y posteriormente fue utilizada por la NASA

Estas lentes se caracterizaban por su enorme abertura, permitiendo así trabajar sin problemas con la escasa luz, sin embargo esto suponía la eliminación de la profundidad de campo (espacio nítido que queda por delante y por detrás del objeto enfocado).

Kubrick y Alcott lograron, gracias al zoom (técnica que muchos directores de cine rehusaban), el aplanamiento de las imágenes con el fin de parecerse a un cuadro de la época.

En cuanto al tratamiento de color se realizó en el laboratorio tras la retirada de un filtro de luz diurna (luz de día) que permitió saturar los verdes y azules y empastelar el resto de colores.

Barry Lyndon, fue un gran fracaso tanto en la crítica como en la taquilla, no obstante, fue nominada a siete Oscar llevándose cuatro por mejor diseño de vestuario, banda sonora, dirección artística y director de fotografía, John Alcott.

E“Mago de la iluminación fílmica con vela” (1931-1986), por desgracia fallecido hace años, fue miembro destacado de la British Society of Cinematographers (BSC) desde 1976. Empezó en el mundo cinematográfico como asistente de cámara y su paso por 2001; A Space Odyssey como miembro del equipo de cámara de Geoffrey Unsworth, le cambió su vida profesional. Unsworth tuvo que abandonar el proyecto y Kubrick le ascendió inmediatamente a director de fotografía. Desde entonces Kubrick-Alcott colaboraron juntos en películas como la ya mencionada A Clockwork Orange (1971), Barry Lyndon (1975) y The Shining (1980). Otras películas en las que ha participado son Little Malcolm (1974), de Stuart Cooper, Under Fire (Bajo el fuego, 1983), de Roger Spottiswoode, o No Way Out (No hay salida, 1987), de Roger Donaldson.

Eam Cinema – Inés Lendíne

 

Pawel Edelman DF de “Ray”

Pawel Edelman

‘Ray’ Por BOB FISHER

“Ray” es el primer largometraje rodado en los Estados Unidos por Pawel Edelman, miembro de la Sociedad Polaca de Cineastas. La película narra el viaje de toda la vida del legendario cantante y compositor de rhythm and blues Ray Charles, interpretado por Jamie Foxx bajo la dirección de Taylor Hackford.

“He escuchado canciones cantadas por Ray Charles desde que era niño”, dice Edelman, quien ganó una nominación al Oscar por su trabajo en “The Pianist”, de Roman Polanski.

Para “Ray”, Hackford le dijo a Edelman que quería visualmente acentuar el paso del tiempo con colores, tonos y texturas que representan diferentes períodos. Edelman también realizó una prueba usando un proceso de derivación de blanqueo fotoquímico para obtener un aspecto melancólico y de época. Decidieron que un proceso intermedio digital les daría la flexibilidad necesaria para ajustar el aspecto.

  

“Durante las primeras escenas, cuando Ray Charles es un niño, enfatizamos la luz natural, incluido el sol”, dice. “Los colores son más ricos y más cálidos. A medida que la historia se desarrolla, utilizamos más luz artificial motivada por fuentes prácticas con colores sutilmente diferentes. La cámara también se vuelve más dinámica con más tomas de mano más adelante en la historia “.

“Ray” se produjo principalmente en locaciones y escenarios en Nueva Orleans, y el resto en Los Ángeles. Edelman filmó la mayoría de las escenas con tres cámaras para mantener el ritmo de una ambiciosa lista de disparos en un calendario implacable. Usó una cámara para grabar una toma maestra de gran angular y mantuvo las otras dos centradas en la acción desde perspectivas medianas y cercanas.

“Era imposible controlar totalmente la iluminación mientras cubrimos escenas con múltiples cámaras en diferentes ángulos”, explica Edelman. “Pero sabía que podríamos hacer esos ajustes con tecnología intermedia digital en postproducción”.

También integraron material de archivo del período de noticias y documentales con la película de acción en vivo y emularon el aspecto fotoquímico de desvío de cloro.

Charles murió en Los Ángeles el 10 de junio de 2004, menos de cinco meses antes de que se estrenara “Ray”.

 

Thomas Mauch, el fotógrafo de Herzog

                                   Con Thomas Mauch, el fotógrafo de Herzog.

                                                      THOMAS MAUCH

14  dic. 2011 Agustín Acevedo Kanopa

Thomas Mauch es una figura fundamental del cine. Fue director de fotografía no sólo de las ya legendarias colaboraciones con Werner Herzog -Aguirre, la ira de Dios (1972), Stroszek (1977) o Fitzcarraldo (1982), entre otras- sino también con otros directores como Edgar Reitz y Alexander Kluge, sumadas a una extensa labor en solitario. Actualmente está, junto con la uruguaya Alicia Cano, en el proceso de posproducción de una curiosa película con tintes de documental filmado en Durazno, razones por las que se acercó a nuestras latitudes.

¿Ésta es la primera vez que venís a Uruguay?

Es la tercera vez. La primera fue el año pasado. Primero fue en octubre, noviembre, cuando conocí a Alicia Cano en el Talent Campus del BAFICI, en Buenos Aires, y después la visité nuevamente en Montevideo, para ver qué estaba pasando por acá, para ver, como un equipo, un guión completo que tenía ella. La segunda vez fue en enero; vine para acá y me llevaron al mar, fuimos a Cabo Polonio. Me gustaba eso de que al no haber electricidad el cielo podía verse completamente lleno de estrellas. Era tremendamente hermoso. Trabajamos juntos con el script y lo curioso es que podíamos filmar sólo tres horas al día, porque se agotaba la batería y había que ir a recargarla a un faro. Filmábamos y después dejábamos cargando para el día siguiente. Eso al final terminó siendo una buena idea, porque tuvimos tiempo para disfrutar del mar, caminar por los alrededores, ir a restaurantes y eso. Fue un lindo compañerismo el que se armó durante todo el proceso. Después pasamos por Montevideo y empezamos a filmar en Durazno. El film es la historia de una casa que empezó como un club de fútbol, que después se convirtió en un muy exitoso prostíbulo de travestis y al final se terminó transformando en una capilla católica; trata de los tres estados de un mismo lugar.

¿Cómo llegaron a esa idea y a ese lugar en particular?

Eso fue todo Alicia. Ella hizo la primera versión del guion, buscó los actores y terminó con este producto que está a un pie de distancia entre una película de ficción y un documental. El problema es que para ello necesitábamos actores reales. Sin embargo, me dijeron: “Una cantidad importante de uruguayos son descendientes de italianos, y en Italia se sabe actuar”. Y tenían razón… En este proyecto no estoy en la labor de cámara, soy algo así como el supervisor, pero Arauco Fernández realmente hizo un excelente trabajo. En este momento estamos en posproducción. Ganamos el dinero del Internacional Film Fund en Berlín; pertenece al festival, pero más o menos puede decirse que es independiente de él. Todavía estamos viendo si entra para exhibirse en la Berlinale.

¿Cómo se manejaron con esa frontera porosa entre ficción y documental?

Llegamos a esa situación más o menos de una forma automática, porque a toda nuestra gente le gustaba actuar y se comenzaban a sentir como estrellas de cine. Para hacer una película como ésta en Alemania habríamos tenido muchísimos más problemas, porque los alemanes no son muy capaces a la hora de actuar. Por supuesto que hay grandes actores, pero cuando le ponés una cámara a gente normal no saben mucho qué hacer. Los uruguayos son muy naturales, como los italianos.

Eso es algo curioso, porque el estilo de actuación del cine uruguayo durante mucho tiempo se paró, o bien en el polo del estilo naturalista, casi completamente despojado, o bien en el estilo más teatral, más típico de nuestros comienzos.

Bueno, los italianos justamente tienen la misma relación entre la actuación naturalista y la más teatral, un poco por su tradición neorrealista. Una vez me pasó que hice una película en Nápoles, que es una ciudad bastante pobre, de hecho. Estábamos esperando a una actriz que venía de Roma, y cuando la vemos aparece con un gigantesco sombrero, bajando por las escaleras con un gesto altivo, de elegancia, y después le preguntamos por qué tenía que hacer semejante espectáculo para nosotros. Y ella dijo que quería que nosotros viéramos lo que era una verdadera donna di classe. Pero nosotros, justamente, queríamos representarla de una manera completamente diferente.

Si bien en este proyecto sos productor, el trabajo por el que sos realmente conocido es tu labor de cámara. ¿Cuál fue el trabajo en el que te sentiste mejor siendo fotógrafo?

Como fotógrafo fue Aguirre… Creo que era la… para decirlo en una forma un poco malvada… a Herzog no le gustaría escuchar lo que estoy diciendo, pero a mí me gusta más Aguirre… porque es más original. Fitzcarraldo es un poco más lavada. Fue muy buena y fue un gran éxito comercial, pero Aguirre… es mucho más interesante.

Fitzcarraldo también, en cierto punto, se hizo tan o más famosa por las cosas que ocurrieron durante el rodaje que por la película en sí.

 

Es cierto. Cuando tenés a [Klaus] Kinski y Herzog en un mismo film, no vas a tener ningún problema con la promoción. Todos los diarios amaban visitarnos y escribir sobre ellos. Eso fue muy bueno para la distribución y la producción, pero yo no estaba tan interesado en eso. Cuando vos sos director de fotografía, tu interés es muy claro. Juntándolas todas, he hecho cinco películas con Herzog. Cinco películas grandes y un montón de pequeños documentales, pero creo que Aguirre… fue un momento importante de mi desarrollo como fotógrafo, incluso no sólo mío, sino del cine alemán en general. Era la primera vez que empezábamos a hacer grandes películas. Nosotros no teníamos mucha idea de cómo hacer una película internacional; no importa cuánta plata tengas, es importante meterte adentro y empezar a hacerlo, casi de forma extrema. Aguirre… fue una gran aventura. Fitzcarraldo también, pero fue distinta.

¿Y cómo te manejaste para estar entre medio de esos dos poderosísimos polos de atracción que eran Herzog y Kinski?

Sí, eso era un gran problema, de hecho. Mirá, por momentos Kinski realmente quería dirigir todo él, pero Kinski era prácticamente incapaz de ser un director porque lo único que le importa es él mismo. El resto de los actores le da completamente lo mismo. A él no le importaban los directores o cualquier otra persona. Sólo le interesaba llevarse bien con los productores, que eran los que ponían la plata. Era un maníaco, pero el verdadero efecto final de lo que era él en pantalla era maravilloso.

       

¿Es verdadera la anécdota de que la tribu de los campas le ofreció a Herzog matar a Kinski?

Yo no creería en eso. No es que Herzog mienta, es que termina creyéndose él mismo esas historias. Cada tanto se te acercaba y te decía al oído estas frases increíbles pero que por ahí yo no compartía: “No soy capaz de hacer comunicación, cada una de mis películas es para mí una entrada al mundo”. O como esa idea de la jungla como obscena y pura fornicación… eran cosas que yo no veía, o que no compartía, por lo menos. Herzog, en realidad, comparándolo con Kinski, no está realmente loco. En el fondo, le gusta mucho eso de Jesucristo del sufrimiento. Es un gran sufriente, pero es una persona excepcional y es más o menos justo. Igual, discutir con Herzog no tiene mucho sentido. Vos sólo podés admirar lo que hace, pero él realmente está interesado en sus ideas. En ese sentido, de todos modos, es mucho más humano que Kinski. Juntándolo todo, fue realmente divertido. Aguirre… fue sumamente divertida, aun cuando tenías a Klaus Kinski gritándote todo el día. La verdad es que a mí no me caía muy bien. No era realmente un actor, era el mejor Kinski que haya vivido. Pero realmente no era un actor. Además, la forma en que él se dirigía a sí mismo… Se negaba completamente a hacer un ensayo. Pero la verdad es que lo mejor que podés hacer es no dirigir a Kinski. Es casi un sacrilegio. Verás, se organizaba él no sólo para sí mismo sino para la cámara, y eso sí me gustaba muchísimo. Por ejemplo, si él tenía que aparecer agachado, sabía completamente el ángulo de la cámara y los movimientos que tenía que hacer para que la cámara captara cada uno de sus gestos sin llegar jamás a mirarla de frente.

Era una forma de matemático, en tema de ángulos y planos…

Exacto. Sabía exactamente cómo la cámara le agarraba el perfil, aun sin verla. Conoce exactamente cada centímetro del plano en que está inserto. Siempre estaba flirteando con la cámara, era su espejo. Lo único que le interesaba era su reflejo en la cámara.

Fitzcarraldo y Aguirre… fueron filmadas en la selva de Perú, pero también has rodado en Italia, Asia y en un montón de lugares. ¿En tus proyectos qué viene antes, tu interés en la fotografía o tus ganas de viajar?

Es una buena pregunta. Primero me interesa trabajar, y, en la medida en que lo pueda combinar con el viajar, es más o menos ideal. Nunca me interesó sólo viajar, tengo que reflejar lo que veo y sólo puedo hacerlo con trabajo. Es completamente necesario. Nunca he tenido verdaderas vacaciones. Es aburridísimo ver cosas hermosas sin conectarlas con el trabajo. Visitar estos lugares, sin que yo trabaje sobre ellos, es como si no existieran para mí o como si yo dejara de existir.

 

Robert Richardson (ASC) en “Los Odiosos 8”

Las lentes viejas dan la profundidad al “los odiosos ocho

(the hateful eight)”

Robert Richardson [ASC],Robert Richardson (ASC

Kristopher Tapley

Octava película de Quentin Tarantino que, como la anterior, es un Western que vuelve a recoger un buen número de influencias cinéfilas del realizador (especialmente, “The Thing”, de John Carpenter) e incluso auto-referencias a su obra anterior: un cazador de recompensas (Kurt Russell) lleva a una peligrosa forajida (Jennifer Jason Leigh) hasta un pequeño pueblo de Wyoming en el que cobrará 10.000 dólares por entregarla. Sin embargo, la diligencia que usa como transporte se ve envuelta en una fuerte tormenta de nieve que le obligará tanto a acoger a dos personajes (Samuel L. Jackson, otro caza recompensas y Walton Goggins, quien dice ser el nuevo Sheriff del pueblo al que se dirigen), como a parar en una cabaña para refugiarse de la tempestad. Allí se encuentra con otros personajes más (Demian Bichir, Bruce Dern, Tim Roth y Michael Madsen), dándose cuenta de que su prisionera tiene un cómplice entre ellos que pretende liberarla.

El grueso del film transcurre en el interior de esa cabaña, en la que Tarantino vuelve a demostrar su talento para los diálogos, monólogos y, como en la escena de la taberna de “Inglourious Basterds” (2009), hinchar su metraje al tiempo que acumula una enorme y creciente tensión a cada minuto que transcurre.

Se trata de una gran obra en la que sobresalen Jason Leigh y Samuel L. Jackson, pero que quizá no sea apta para todas las audiencias y públicos por su particular estilo y alargada duración. Llena de matices y muy disfrutable, únicamente el tiempo la situará junto con las dos mejores de su autor (“Pulp Fiction” y “Basterds”), o bien en el escalón inmediatamente inferior. Ennio Morricone compone la banda sonora original.

El director de fotografía vuelve a ser Robert Richardson [ASC], con el que Tarantino mantiene una sólida relación profesional desde los tiempos de “Kill Bill” (“Vol 1 y 2”), que también les ha llevado a colaborar en “Inglourious Basterds” y “Django Unchained”.

Richardson, por supuesto, es uno de los directores de fotografía norteamerica-nos más respetados del cine contemporáneo, puede que incluso el que más, desde su fulgurante aparición a mitad de la década de los 80 de la mano de Oliver Stone en títulos como “Peloton” (1986), “Salvador” (1986) o “Wall Street” (1987).

Ganó su primer Oscar por “JFK” (1991), así como una segunda estatuilla (“The Aviator”, 2004), y una tercera (“Hugo”, 2011) de la mano de Martin Scorsese, otro de sus principales colaboradores profesionales.

El estilo de Richardson, a veces muy teatral y recargado, quizá no le haga apto ni para todos los gustos ni para todos los géneros, pero lo cierto es que suele irle como anillo al dedo a películas de ambientación de época en las que se pretenda optar una imagen más elaborada y recargada que realista. Otras seis nominaciones al Oscar, además de once nominaciones al premio de la ASC (que curiosamente, nunca ha ganado) completan el currículum de este operador de 60 años de edad.

Tarantino es uno de esos realizadores que, junto con Christopher Nolan, Steven Spielberg, J.J. Abrams o Paul Thomas Anderson, está llevando a cabo una “campaña” cuyo fin es asegurar la permanencia del celuloide como método de adquisición cinematográfica. Por eso no sorprende que Los odiosos ocho (The Hateful Eight) esté rodada, como todas sus películas anteriores, en formato fotoquímico. Pero lo que sí es sorprendente es que tanto él como Richardson no sólo escogieran un negativo de 5-perf 65mm como medio exclusivo para el rodaje –algo que no ocurría para rodar íntegramente una película desde “Hamlet” en 1996 y antes, “Baraka” y “Far and Away” en 1992- sino que, además, decidieran resucitar los 65mm en su versión anamórfica.

Tras unas pruebas en Panavision, Richardson se enamoró de las lentes APO Panatar del antiguo formato Ultra Panavision 70, las mismas usadas en “The Raintree Country” (1957), “Ben-Hur” (1959), “Mutiny On The Bounty” (1962) o “The Fall of the Roman Empire” (1964), que únicamente se utilizaron en un total de 10 películas, la última de ellas “Khartoum” en 1966.

El formato Ultra Panavision 70 conlleva una relación de aspecto de 2.76:1, la más panorámica establecida para el cine comercial. Para exprimir el formato, Tarantino ha logrado que 100 salas en EEUU exhiban la película en70mm anamórfico, favoreciendo dicha versión con algunos minutos adicionales de metraje, obertura y música de entreacto, así como una distribución exclusiva de dos semanas, antes del estreno general con proyección digital. En España, únicamente la sala Phenomena de Barcelona ha proyectado una copia en 70mm. Desgraciadamente, nuestra reseña se ha elaborado sobre la versión DCP.

Hay que mencionar, en cualquier caso, que el formato Ultra Panavision 70 no es el más nítido y definido de los formatos 5-perf 65mm, como el Todd-AO, Dimension 150 o Super Panavision, ya que 1ro. sus lentes son muy antiguas (aunque Dan Sasaki de Panavision las ha restaurado y ha completado el juego para Richardson y Tarantino con nuevas ópticas que imitan la estética vintage de las originales) y 2do. emplean una ligera compresión anamórfica (1,25×1) que las hace más suaves que sus alternativas esféricas de la época, o no digamos ya con respecto a las modernas Panavision Primo 70, también esféricas, las cuales pueden usarse en el formato tradicional en 65mm o bien con modernas cámaras de gran formato como la Arri Alexa 65 (6.5K) o la Red Weapon Dragon (6K/8K). Sin embargo, Richardson y Tarantino buscaban no solo la textura de estas lentes APO Panatar, sino también el amplísimo formato panorámico que proporcionan. En este aspecto, es muy probable que “The Hateful Eight” sea la película que mejor aprovecha la relación de aspecto 2.76:1 de todas cuantas la han utilizado, ya que, en su época, el formato Ultra Panavision 70 también se utilizaba para realizar copias en 35mm con relaciones de aspecto 2.35:1-2.55:1, por lo que era habitual que los cineastas evitasen utilizar los bordes extremos de su fotograma. No es el caso de “The Hateful Eight”, en la que Richardson compone con personajes e información relevantes en los mismos en más de una ocasión, evitando la sensación excesiva anchura o vacío de información que sufrían las películas de la época en su ancho máximo. Además, para contrarrestar el bajo contraste de sus ópticas, Richardson ha optado por forzar gran parte de la película medio diafragma, algo que, en las emulsiones fotoquímicas, incrementa el contraste, mejora algo la sensibilidad y, en el caso de un formato 5-perf 65mm, hace que el incremento de grano sea invisible.

Quizá lo más espectacular a nivel visual de “The Hateful Eight” sean sus escasos exteriores diurnos, algunos rodados a 50 ASA, muy bien diseñados tanto para su ancho de pantalla, como para explotar las virtudes y resolución extra de los 65mm. En este aspecto, incluso en proyección digital, se aprecia una cierta mejoría con respecto a algunos de los últimos títulos que hemos podido visionar en DCP sobre películas adquiridas en 35mm, como “Jurassic World” (que también tenía algo de 65mm), o incluso 35mm anamórfico, como “Mission Impossible: Rogue Nation”, “Bridge of Spies” o la reciente “Star Wars: The Force Awakens”. La imagen en 65mm posee las mismas virtudes que el 35mm en cuanto a su textura, pero es mucho más limpia, detallada y, a buen seguro, en proyección en 70mm en una copia por contacto, poseerá una nitidez y rango de color extendido, con negros mucho más profundos si la proyección es buena. En cierto modo, quizá “The Hateful Eight” abra la verdadera puerta de supervivencia al celuloide a la hora de competir con el digital: rodar en 65mm, estrenar limitadamente en 70mm y, de modo general, con proyección digital, preferiblemente en 4K.

El grueso del film explota más, como indicábamos, el ancho de pantalla del formato Ultra Panavision 70 que sus posibilidades a la hora de mostrar grandes escenarios, a lo “Ben-Hur” o “The Greatest Story Ever Told”. Richardson tampoco ha sido nunca un operador especialmente interesado en la nitidez de imagen, e incluso ha sido un usuario habitual de los filtros difusores, incluso cuando más en desuso estuvieron en los 90 y 2000. “The Hateful Eight” está rodada limpia, sin hacer uso de ellos, pero su luz de ambiente cálida y suave tampoco hace un favor especial a la nitidez de la imagen.

En este aspecto, por lo monótono y limitado del escenario en cuanto a las posibilidades de luz, se agradece mucho que Richardson sea muy fiel a su estilo, creado y forjado a base de fuertes y expresionistas contraluces e intensas luces cenitales que no solo sirven para separar a sus personajes de los fondos, sino para ganar contraste y cuerpo en la imagen.

Como expresionista que es, a Richardson la continuidad muchas veces parece que le es indiferente, así que es frecuente ver planos y contraplanos en los que los haces de luz sobre las mesas aparecen y desaparecen, o bien que ambos personajes enfrentados estén o tengan contraluces falseados, como ocurre en la secuencia entre Samuel L. Jackson y Demian Bichir en la cuadra con los caballos. En este sentido, para los amantes del realismo a lo Emmanuel Lubezki o Roger Deakins, serán mucho más satisfactorios los exteriores invernales y nevados de Richardson, con su adecuado tono azulado e imperceptibles rellenos a base de HMI sobre sedas, que sus estilizados interiores.

El dominio del encuadre de Richardson –un director de fotografía que además opera personalmente- es muy grande, con un fotograma que luce especialmente cuando se acerca mucho a los actores, o cuando los ubica en un lado del fotograma y juega bien con el enfoque, o incluso con lentes de aproximación partida en la recta final de la proyección.

Así pues, a nivel estético, “The Hateful Eight” es toda una rareza fruto de la apuesta personal de Tarantino y Richardson por revivir un formato que todos creíamos muerto, pero que quizá, por otro lado, no termina de explotar absolutamente todas las virtudes del mismo por tratarse de una película que, en esencia, rehuye de los grandes escenarios en los que más partido podría habérsele extraído. Aun así, el dominio del fotograma extendido de Scope en 2.76:1 es estupendo y justifica todos los problemas de rodaje y exhibición que conlleva el uso de un formato fuera de cualquier estándar, a pesar que las bondades de los 65mm –en cuanto a nitidez y resolución- no puedan ser plenamente explotadas en el interior-noche que supone el grueso de la proyección de la película.

En cuanto a su luz, Richardson muestra una línea parecida a la del resto de sus colaboraciones con Tarantino –especialmente las dos últimas, mejores que los “Kill Bill”- en las cuales ha mostrado casi siempre un nivel notable, pero nunca el mejor del que es capaz, cosa que sí hizo con Stone (“Born on the 4th of July”, “JFK”), con Scorsese (“The Aviator”, “Hugo”) o incluso con Robert De Niro en la estupenda e infravalorada “The Good Shepherd” (2006); películas en las que la variedad de épocas, escenarios y localizaciones sí le permitían a Richardson mostrar todas sus virtudes como director de fotografía. Esperemos que al menos la experiencia sirva para revivir el formato 5-perf 65mm, bien sea esférico o anamórfico, aquél que en palabras de Richard Edlund “es el modo en el que Dios pretendió que se rodasen las películas”.

Richardson estaba tan impresionado con el formato que intentó alquilar las lentes de Ben Affleck “Live by Night”, que está rodando en la cámara digital de gran formato Arri Alexa 65 que Emmanuel Lubezki utilizó para “The Revenant”. Ultras había sido trasladado a Londres para la producción de “Rogue One: A Star Wars Story” por el director de fotografía Greig Fraser.”Los colores gritan”, dice Richardson. “Sería encantador si pudiéramos lograr más de esto. Pero el costo es fenomenal, y no hay nadie tratando de bajar ese punto de precio “.

El ultra gran angular también significaba que la cámara capturaría tanto del set que Tarantino podría escenificar actores por todo el cuadro de formas interesantes para ayudar a la narración visual. “Tal vez sea John Ruth (Kurt Russell) y el Mayor Warren (Samuel L. Jackson) hablando de algo, pero luego también hay una obra importante que va en segundo plano”, dice el director. “Siempre eres capaz de rastrear dónde está todo el mundo y lo que está pasando y la realidad de la habitación”. Sin embargo, esto impactó mucho la iluminación de Richardson.

“Tengo la mitad de la habitación en el marco, mínimo”, dice. “Si me estoy moviendo, básicamente tiro dos tercios de la habitación. Todo lo que tengo que hacer es un movimiento de seis o siete pies y un pan para recorrer, y básicamente he sacado el set. Y Quentin estaba haciendo 360. No hay restricciones para él. No detuvo su creatividad. ”

Título en España: Los Odiosos Ocho
Año de Producción: 2015
Director: Quentin Tarantino
Director de Fotografía: Robert Richardson, ASC
Ópticas: Panavision APO Panatar
Emulsión: Kodak 5203 (50D), 5213 (200T), 5207 (250D) & 5219 (500T)
Formato y Relación de Aspecto: 65mm anamórfico (Ultra Panavision 70), 2.76:1
Otros: estrenada en 70mm anamórfico & DCP (4K Digital Intermediate)
Premios: Oscar a la mejor fotografía (nom)

 

Manuel Alberto Claro en La Habana

El fotógrafo de Lars Von Trier es chileno y desea filmar en Latinoamérica
Por: Cecilia Crespo 8 de Abril 2014
Fotos: Gustavo Ávila

            

El joven pero experimentado fotógrafo chileno danés Manuel Alberto Claro llegó a La Habana por segunda ocasión, donde impartió sus experiencias cinematográficas en un taller de la recién concluida Muestra Joven del ICAIC. Ha trabajado con importantes directores  de diversos países europeos desde que se graduara en el Instituto Europeo de Diseño de Milán. Es responsable de la visualidad de múltiples publicidades, documentales y largometrajes de ficción  como Melancolía y Ninfomanía, las más recientes cintas del afamado cineasta Lars Von Trier. En su trayectoria ha alcanzado importantes reconocimientos como La Cámara de Oro en Cannes y el máximo galardón en su especialidad en el Festival de Cine de Venecia, entre otros.

A la salida del taller que compartió con su coterráneo el fotógrafo y documentalista Pablo Insunza, conversó con OnCuba.

Es usted un fotógrafo chileno que estudió en Milán y ha trabajado en gran parte de Europa y  en New York pero no ha fotografiado aun en Latinoamérica. ¿Le han faltado oportunidades en su continente natal o ha preferido al cine europeo?

La verdad es que el vínculo laboral que he tenido con Latinoamérica ha sido prácticamente nulo. Fui formado en Europa mi medio ha sido muy danés. Lo latinoamericano me ha llegado últimamente. Es algo relativamente nuevo que en Chile sepan que soy chileno y la verdad es que tampoco lo he buscado fervientemente. Me declaro un poco ignorante del cine de Latinoamérica pero ahora estoy viendo algunas  cosas que me han dejado fascinado y con ganas de trabajar con este tipo de cine, como un par de películas chilenas muy buenas. Algunos de mis directores preferidos son mexicanos como  Carlos Reygadas, en un rato veré un filme de la argentina Lucrecia Martell. De verdad que espero surjan oportunidades.

 ¿Cómo es la recepción del cine latinoamericano en Dinamarca?

El cine latinoamericano tiene una buena acogida en Dinamarca. Se ponen películas de muchas partes del mundo, entre ellas, argentinas, chilenas mexicanas y brasileñas mayoritariamente. Siempre hay algo latinoamericano.

¿Y cuál es la opinión que existe sobre esta cinematografía?

El cine latinoamericano es un cine de vanguardia, de autor  que ha servido de voz para manifestar problemáticas sociales. Generalmente existe una buena opinión pero no es que haga aseveraciones entre cine europeos, asiático o latinoamericano, hay filmes buenos y malos, el lugar de procedencia no es lo más importante porque el talento no es geográfico, es humano.

¿Cuánto le ha aportado trabajar con Lars Von Trier?

Uno se da cuenta de que está trabajando con un genio. Es un director increíble y trabajar con él es una experiencia única. Lo último que hicimos fue Ninfomanía. Me ha aportado mucho  como profesional y como fotógrafo porque es como llegar a la consagración, a la meca. Muchas cosas cobran sentido cuando uno tiene la oportunidad de colaborar en proyectos con tanta fuerza como los de este realizador  que está a gran nivel.

¿Cuán difícil es involucrase a su dinámica de trabajo?

Es muy fácil aunque piensen muchos que resulte complejo. El mismo escribe magistralmente sus guiones son muy claros al igual que la forma que él tiene de expresar sus ideas. Lars es un director que tiene mucho dominio de la técnica y sabe cómo obtener lo que quiere, es muy preciso; sabe a la perfección lo que desea y lo que no y te lo transmite al punto de que te acostumbras a su manera de hacer. Te acomodas a lo que le gusta en ese sentido, es muy fácil porque el camino a seguir con él es relativamente derecho.

Ninfomanía, por el tema que aborda es una película compleja y polémica, ¿Cómo afrontó el reto de asumir su visualidad?

Como te decía, Lars es bastante claro y preciso y sabe cómo obtener lo que quiere. Cuando uno trabaja con Lars hay que entregarse, él no encaja en las media tintas, no se puede ir a la mitad con él. Es o todo o nada, si no te entregas mejor quédate en tu casa. Todos saben que él es polémico por lo que siempre digo que Lars no es para todo el mundo. Como su fan que soy desde siempre estoy feliz de tratar de ayudarle a obtener su visión. En este filme tuvimos muchas escenas de sexo, con desnudos complejos. Lo que crea situaciones extravagantes a las que uno no está acostumbrado. Pero todo era tan claro y preciso desde el guión  que resultó fácil, porque todos sabían porque estaban allí y que iban a hacer Se trabajó con gran profesionalismo y nunca hubo una mala onda, sino todo lo contrario. La relación con el resto del equipo fue buena, desde el respeto, aunque a veces se bromeaba para intentar relajarlos un poco.

A su juicio, ¿qué no le debe faltar a una buena fotografía de cine?

Yo encuentro que cualquier foto o imagen para que sea buena debe de tener un punto de vista personal subjetivo y poseer cierto nivel de atractivo. Siempre digo que una buena imagen debe ser sexy, atrayente, cautivadora, puede ser en la textura, en la composición, en los colores o en la luz. Debe tener una vista pasional que transmita una sensación, una atracción física, eso es lo que trato que se logre en cada trabajo  y que se perciba.

¿Por qué venir a Cuba a impartirles un taller a los jóvenes realizadores?

Estuve en Cuba hace unos años con un proyecto de documental en el que estaba trabajando. Visité la EICTV donde participé en un taller similar a este. Estoy feliz de regresar. De la Embajada Chilena en Cuba me propusieron la idea, me invitaron y acepté venir. No conocía la existencia de la Muestra Joven pero siento que tengo una conexión con este evento.

¿De qué  trató el taller?

Me encanta hablar de mi trabajo. Se trató en gran parte de hablar de mi método, de mi actitud hacia el cine y al mundo de los actores No soy profesor por lo que pedagógicamente no puedo aportar mucho más que mis experiencias, mis prácticas y modos de hacer. Fue muy interesante poder retroalimentarme con mis alumnos.

¿Qué perspectivas inmediatas podría comentarnos?

Tenemos planeado hacer Lars y yo un video clip al grupo musical Ramstein. Cuando regrese a Dinamarca empezaré a trabajar hasta septiembre para una serie de televisión en la que mi esposa es la guionista, es un proyecto pequeño, íntimo y familiar.

Manuel Alberto Claro, el chileno director de fotografía de Lars von Trier

Manuel Alberto Claro, el chileno director de fotografía de Lars von Trier

por PATRICIO GONZÁLEZ R. Y FERNANDO CARO 7 febrero, 2014

Desde Eslovenia para Cultura+Ciudad, sostuvimos una conversación con este director de fotografía, nacido en Chile pero residente en Copenhague desde 1974, quien ha estado presente en Melancolía (2011) y Nymphomaniak (2013). Nos habla sobre su rol en estas cintas, sobre la labor creativa de uno de los genios del cine actual y desmitifica al “monstruo” que espantó a Bjork cuando filmó con Von Trier Bailarina en la oscuridad.

A ratos la conversación con Manuel Claro vía Skype se hace entrecortada. Está en Eslovenia filmando un comercial. Habla en un español bien fluido pese a vivir desde los tres años en Dinamarca, tierra de Lars von Trier con quien ha trabajado como director de fotografía en sus dos últimas películas: Melancolía (2011) y Nymphomaniac (2013).

Le es raro hablar en español y más aún en chileno, pero le gusta y lo disfruta. Se ríe a veces cuando termina una frase, como sorprendiéndose de hablar en su lengua natal. Habla pausadamente, ahí se le nota lo “extranjero”, descifrando del danés o del inglés lo que intenta decir en chileno, el que ha practicado con su madre. A ratos se excusa de no darse bien a entender o no poder profundizar más en las ideas.

Admite que trabajar con el director de Nymphomniac lo pone en una situación especial, en una vitrina privilegiada. Sin decirlo, sabe que desde ahora ha entrado a jugar en las grandes ligas del cine. Vuelve a reírse cuando le mencionamos que también puede volverse un referente para el cine chileno. Pero no está para esos carteles.

Sí se siente orgulloso de haber trabajado con Lars en estos largometrajes, porque sin duda han sido experiencias enriquecedoras y de aprendizaje, sobre todo al lado de un maestro del cine como lo es Von Trier, quizá el cineasta europeo más importante desde los años 90 en adelante, fundador de Dogma, movimiento fílmico de vanguardia que inició en 1995 junto al director danés Thomas Vinterberg y que, acompañado de un manifiesto, apostó por realizar películas de calidad sin depender de ostentosos presupuestos como los de Hollywood. Posteriormente el fenómeno Dogma creció en el mundo y proliferaron las películas que se suscribían a las reglas del mentado manifiesto.

“Como espectador una de mis más grandes experiencias cinemáticas ha sido viendo sus películas. Para mí era poder trabajar con alguien que en mi opinión hace un cine tan único y especial. Era como lo más genial que hay”, dice entusiasmado.

Claro llegó a trabajar con el director de Los idiotas tras pelearse este con su director de fotografía de siempre, el inglés Anthony Dod Mantle. El danés estaba buscando un nuevo director de foto para Melancolía y Manuel sabía que había consultado a otras personas. Con la productora que estaba a cargo del film, Manuel había trabajado en un par de largometrajes anteriores. Un día, tras pasar el casting y entrevistarse con Von Trier, este lo llamó para ofrecerle trabajar en su película.

Los pergaminos de Claro para figurar en ese casting lo avalaban como el responsable de la imagen de Reconstrucción de un amor (2003), película del danés Christopher Boe, ganadora de la Cámara de Oro en Cannes 2003. Con este director fueron compañeros en la escuela de cine de Copenhague y trabajaron juntos en su película de titulación. Recién salidos de la escuela, tuvieron la suerte de que una productora les preguntó si querían hacer un largometraje con ellos. Fue así como hicieron Reconstrucción, “película de un lenguaje visual bien fuerte”, comenta. Después lo empezaron a llamar para varias producciones y hasta antes de trabajar con Lars dirigió foto en alrededor de diez o más películas, entre las que destaca Dark Horse, del islandés Dagur Kári (hijo del famoso escritor islandés Peter Gunnarsson), cinta que también estuvo compitiendo en Cannes.

La personalidad de Von Trier y el trabajo en el set

Con el tiempo, la reputación de egocéntrico y terrible ha acompañado a Lars von Trier. Cuando las grabaciones de Bailarina en la oscuridad cesaron, Bjork terminó hablando pestes del dánes, al tiempo que declaraba que nunca volvería a repetir la experiencia de filmar con él. Según Claro, “Bjork era un caso único, porque todos los actores lo aman, al menos de los que yo conozco. Con ella fue un problema de química que no funcionaba. Ella terminó diciendo que era un monstruo”.

Aclara que “su carácter conocido es el que cuando va a conferencias de prensa”. Contrario a esa mala fama, afirma que “cuando filmas con él estás trabajando con un director súper profesional, súper enfocado, una persona eficiente y que está totalmente abocado a obtener lo mejor de los actores y de la gente que lo rodea. Es un poco tímido y súper divertido, de mucho humor. En general, hay un ambiente muy liviano, porque a veces como la temática es tan heavy, entonces él activamente crea un ambiente light. Como director de cine es lo menos neurótico que hay, pero como persona es diferente…, se ríe.”

Las diferencias de metodología entre Melancolía y Nymphomaniac

Entre una película y otra, Manuel no advierte en general grandes diferencias metodológicas. Sí constata que en ambas cintas hay vocaciones estéticas diferentes.

“Se filmó mucho de la misma manera. Había sí cosas que resolver de distinta manera… En Melancolía había muchos efectos especiales porque había que tener un planeta (es un drama en clave de ciencia ficción) y en Nymphomaniac también había mucho efectos especiales, pero porque las escenas de sexo están hechas con computador. Pero la metodología es más o menos la misma”, indica, aunque reconoce que en la primera era más fácil saber cómo iba ser la película, en cambio en Nymphomaniac tenía muchas dudas de cómo se iba a ver por los giros del guión.

Nymphomaniac (2013)

En cuanto a los aspectos que más valora o exige el danés al momento de definir el look fotográfico de sus películas, precisa que Lars la tiene muy clara. “Hay escenas muy visuales que él tiene una idea muy clara de qué tipo de imágenes quisiera y después tiene todas las escenas de actuación donde él lo que exige es una sensación de un momento verdadero, auténtico, las cosas tienen que sentirse lo más auténtico posible. Está muy interesado en crear momentos que se sientan verdaderos o naturales. Quiere tener una visión subjetiva y muy honesta, en el sentido documental. Que no sea perfumada, que sea cruda”, añade.

Por el contario destaca que en la anterior película “hay escenas en las que quiere tener una visualidad muy fuerte”. En Melancolía, Lars le hablaba de querer “tener momentos wagnerianos, la imagen junto con la música llevaban la emoción”.

Para él, el fundador de Dogma “no es un director que ama la imagen bonita, pero es un director que busca, que provoca una fuerte reacción emocional”.

En ese sentido Melancolía y Nymphomaniac se contraponen. La primera “es muy visual, es muy bonita. Nymphomaniac es lo contrario: los lugares son bastante pobres, se trata de gente que no se preocupa de cómo se vive. El desafío era no hacerlo demasiado bonito, no hacer la carta postal, mantenerse al filo, mantener una presencia psicológica, buscar la belleza en algo que no es muy bello. No había el riesgo de enamorarse de los lugares porque no eran atractivos”, advierte.

Otro desafío importante en la última cinta de Von Trier fue el tema de los diálogos. “En Nymphomaniac hay una gran parte de la película que sucede en una pieza en que Charlotte Gainsbourg y Stellan Skarsgård hablan, cuentan su historia. Había mucho diálogo, y ese era el desafío más grande: cómo hacer este tipo de diálogo parecer dinámico y visualmente apetitoso”, explica. Otro desafío, o parte del mismo, “era hacer una película de cinco horas y hacerlo lento”.

Ha sido toda una suerte de experimento narrativo del genio de Triers. La cinta cuenta la historia de una ninfómana y todas las desventuras que le produce esta enfermedad. La película ha sido cuestionada y tildada de porno y hasta llegó a prohibirse por un tiempo en Rumania. Incluso el tráiler en la web ponía la siguiente advertencia: “El alto contenido sexual de estas imágenes puede herir la sensibilidad de los espectadores”. Las aguas están divididas entre quienes están sorprendidos por nunca haber visto algo igual y los que adhieren a la idea de que es una manera simplista de provocar.

“¿Cuál es el problema si así fuese?”, espeta medio en broma medio en serio. Declara que si la película trata del caso de una ninfómana, por tanto el sexo que se muestra remite a la condición del personaje. Concuerda que de ahí no sea un sexo romántico el que se muestra, el que parece escandalizar a algunos.

La película -junto a otras como La vida de Adele, de Abdellatif Kechiche, y El desconocido del lago, de Alain Guiraudie (quien visitó el pasado Festival de Cine de Valdivia)- ha instalado la pregunta (que no es nueva) por los límites de la representación en el cine: ¿cuán explícito puede ser el sexo en la pantalla grande?

Directores de foto inspiradores y cine chileno

Respecto al trabajo de colegas suyos que admire o que le hayan inspirado, Manuel reconoce a dos directores de fotografía: uno es Harris Savides, quien ha trabajado con Gus Van Sant en Elephant, y otro más antiguo, Carlo DiPalma, que colaboró con Allen en Hanna y sus hermanas, y quien asegura que hizo posible que la comedia también pudiese verse bien.

De cine chileno solo conoce dos películas: Gloria, que la vio hace poco, y La Nana. Ambas le gustaron, sobre todo por el lado humano que muestran.

El momento de Lars

Manuel cree que Von Trier ha inaugurado algo así “como un nuevo género”, “el cine digresivo”, le llama. Es un cine que está colmado de giros, de saltos, que va por las ramas, dice. Si bien sólo conoce En busca del tiempo perdido de Raúl Ruiz, reconoce tanto que el chileno como Trier coinciden en su fascinación por Proust. “Nymphomaniac tiene mucho de Proust”.

“Siento que estoy trabajando con él en un momento muy interesante, porque está como volviendo a un cine más clásico, más visual. Muchos años ha estado destruyendo el cine, como en sus películas del Dogma o Dogville, en esas películas más teatrales, en que rompe el lenguaje cinematográfico. Ahora está volviendo a una cosa más visual, pero junto con la parte emocional que él ha conseguido y consiguió en los años en que se dedicó a destruir la visualidad”.

Los planes futuros de Manuel aún no los tiene “como su apellido”, pero confiesa que le gustaría hacer una comedia del tipo de un programa de TV que Skype no me permite entender porque se pierde la señal. Me cuenta medio en serio medio en broma que le va a proponer a Lars hacer una comedia.

                                                                             NINFOMANA

                                                                          MELANCOLIA

Natasha Braier: “La Academia ha sido tan conservadora que está bueno que se abra”

Natasha Braier: “La Academia ha sido tan conservadora que está bueno que se abra”

Considerada entre los mejores directoras de fotografía de cine, la argentina fue admitida en ese selecto grupo de artistas que eligen los candidatos a los premios Oscar.

Natasha Braier: “Me interesa trabajar sólo con directores que admire y con un guión en el que crea”

La historia de la directora de fotografía Natasha Braier empezó en la Argentina, como la de una chica a la que le gustaba sacar fotos y filmar con la cámara Súper 8 de su papá. El más reciente capítulo la encuentra en Los Ángeles, con un currículum que incluye trabajos en films como XXY, de Lucía Puenzo; En la ciudad de Sylvia, de José Luis Guerín; La teta asustada, de Claudia Llosa; y El cazador, de David Michôd, entre otros. Su impactante trabajo en The Neon Demon, la nueva película de Nicolas Winding-Refn sobre la belleza, la obsesión con la juventud y lo siniestro que se esconde detrás del mundo de la moda, recibió numerosos elogios de la crítica internacional y hace poco tiempo fue invitada a ser miembro de la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood.

El camino hasta el lugar que ocupa hoy la llevó por distintos puntos del mapa. A los 16 años, mientras cursaba el secundario, empezó a estudiar en la Escuela de Fotografía Creativa Andy Goldstein. Cuando terminó el colegio sus padres y su hermana se fueron a vivir a Barcelona y ella se quedó para estudiar en la Universidad del Cine. Pasó más de un año como asistente del editor de fotografía de la revista Noticias, pero enseguida se dio cuenta de que no le alcanzaba el tiempo para la universidad y el trabajo. Se fue a Barcelona y poco después ingresó en el máster de dirección de fotografía de la National Film and Television School de Londres, del que egresó con una muestra de su trabajo que le permitió empezar a crecer en su profesión.

Desde su casa en Los Ángeles, Braier habló con La Nación sobre la importancia de elegir bien sus proyectos, cómo fue su trabajo con Winding-Refn y cómo es ser parte del dos por ciento de las mujeres directoras de fotografía de la industria.

– Tenés que adaptarte al estilo de cada director, ¿cómo manejás eso desde que viene alguien con un proyecto y te cuenta lo que quiere?

-Todo lo que yo haga va a estar al servicio de la voz de ese director y del mensaje que tiene para dar. Por eso para mí es muy importante elegir muy meticulosamente con quién trabajo. Me interesa trabajar sólo con directores que admire, que tengan un guión en el que crea y me fijo también en el contexto que tiene en ese momento para contar esa historia: presupuesto, actores, cuánto tiempo tiene para prepararla, etcétera. No hago muchas películas porque elijo mucho. Tengo que seleccionar el proyecto adecuado porque siento que como persona, no sólo como técnica y artista, pongo el 300 por ciento de mi energía en eso. Es como tener un hijo con alguien, son un montón de meses de preparación, después el rodaje y la posproducción. Es una inversión tan grande que sólo la puedo concebir desde un lugar de total pasión. Normalmente recibo los guiones con la información del proyecto. Lo más importante es que me guste el guión y resonar con el trabajo del director. Después tengo una reunión con el director, que se supone que está hablando con un par de directores de fotografía que tiene en mente, para ver cómo es la química y si podría funcionar. Para mí esa instancia es muy importante porque yo también le estoy haciendo casting al director. Más allá de que me guste su trabajo y que me imagine lo que puede llegar a hacer con ese guión tengo que ver cómo es a nivel humano, si es un buen colaborador, cómo quiere trabajar con su director de fotografía y qué es lo que realmente le interesa de esa historia. En esas reuniones descubro si me quiero meter en esa aventura con esa persona. Es un poco como decidir casarse con alguien por un año. Tengo que sentir en la panza que va a valer la pena en todos los sentidos.

– ¿Cómo fue este proceso con Nicolas Windign-Refn para que decidas hacerThe Neon Demon?

-Leí el guión y no me terminó de convencer, pero quise entrevistarme con él igual porque me interesaba como artista. Cuando leí el guión de La teta asustada dije “¿qué es esto?” pero cuando conocí a Claudia le dije “Me voy con vos a Perú mañana y filmo lo que quieras”. Así que también sabía que a veces el guión no lo es todo. En la reunión tuvimos una conversación muy buena sobre todos los temas de la película y cuando empezamos a hablar de ciertas cosas del guión, como siempre soy muy honesta, le dije que había cosas que me hacían ruido. Entonces él se rió y me dijo: “Ah, leíste el guión falso”. Me explicó que no le gusta darle el guión a los agentes porque después circula demasiado, que esa era una versión de hacía tres años que no tenía nada que ver con lo que quería filmar y que me iba a mandar el guión final. Me fui de la reunión con una buena sensación. Cuando estaba manejando para mi casa me llamó mi agente y me dijo que me habían ofrecido la película. No quise esperar a leer el guión y dije “hagámoslo”. Al final el guión era muy distinto de verdad y tuvimos una relación creativa de mucha conexión. Los dos somos muy estilistas y de planear todo. Él se preocupa por detalles mínimos y entonces yo me preocupo el triple. Pero a la vez los dos somos muy instintivos y podemos tirar todo eso por la ventana y fluir con lo que va cambiando e inventar cosas nuevas.

-Se nota que en The Neon Demon está todo pensado al detalle, que cada plano está hiper- estudiado.

-Hay muchas cosas que están pensadas desde antes y otras que son descubiertas en el momento y estilizadas sobre lo que hay. En Los Angeles un presupuesto de 5 millones de dólares es muy poquito, así que no pudimos construir muchos de los sets y tuvimos que trabajar con locaciones que ya existían. Al rodar cronológicamente e ir cambiando sobre la marcha, pasaban cosas como que lo que ibas a filmar en una habitación ahora lo ibas a hacer en un baño y teníamos que resolverlo en el día. Creo que lo interesante es que podemos adaptarnos a la situación e igual llevar a la pantalla nuestro mundo súper estilizado y refinado.

– ¿Tuvieron referencias visuales particulares para construir la estética de la película?

-Escuchamos mucha música y hablamos sobre cómo sentimos a Los Ángeles siendo dos extranjeros que viven acá. Hablamos sobre paisajes emocionales de la ciudad. Me dio un par de películas para ver, que son las mismas que le dio a los actores y al resto del equipo, o sea, que no eran referencias visuales sino de clima y de temas. Vimos El bebé de Rosemary, cortos de Kenneth Anger, Valley of the Dolls, Return to the Valley of the Dolls y Suspiria, de Dario Argento, que quizás es la que más influencia tuvo. Creo que la idea de él era que en algún lugar donde todas estas películas extremas y distintas se encuentran es donde íbamos a hacer nuestra película. Había que encontrar un universo propio del film que no responde a algo realista, ni convencional.

-Hace poco te invitaron a ser miembro de la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood, ¿qué te parece esta aparente apertura a un poco más de diversidad?

-Este año está muy de moda la diversidad acá. También el tema del espacio de las mujeres. Bienvenida la diversidad, es súper positiva. Hasta ahora la Academia ha sido tan blanquita y conservadora que está bueno que se abra. No sé porqué minoría vine, si por las mujeres directoras de fotografía o por ser argentina, porque vi que también invitaron a Lucía Puenzo, Lucrecia Martel y al Chango Monti. De cualquier forma está bueno. Quizás esto se refleje en que los Oscar sean más interesantes.

-Entrando en esta conversación sobre las mujeres en el cine, vos tenés un trabajo que no es considerado típico femenino, ¿alguna vez lo sentiste como un peso, como que tenías que demostrar algo más?

– Es una profesión muy monopolizada por los hombres. Las mujeres directoras de fotografía trabajando en la industria representamos el dos por ciento contra el 98 por ciento de hombres. Hace poco tuvimos un encuentro en Los Ángeles de todas las asociaciones de directoras de fotografía del mundo y los números eran impresionantes. Argentina era el país con más mujeres en la profesión, como un 20 por ciento. Eso me puso muy orgullosa. Pero sí, es una realidad y todas las mujeres que estamos haciendo este trabajo atravesamos situaciones difíciles que quizás los hombres no tienen que pasar. En mi historia particular creo que tuve bastante suerte y no tuve tantas malas experiencias, pero sí siento que en los primeros diez años de mi carrera tuve que probar mucho más que si fuera un hombre. Sobre todo, con la cuestión de la fuerza física. Cuando ya empecé a tener un nombre y estar más establecida importó menos, podía ser yo misma y si no quiero cargar la cámara y que la cargue un operador no pasa nada. Lo único que podemos hacer las mujeres directoras de fotografía es seguir haciendo nuestro trabajo lo mejor que podemos y sentar precedente para que más mujeres se puedan inspirar y sientan que es posible hacer este trabajo. Esperemos que algún día no tengamos que hablar de mujeres directoras de fotografía, como no hablamos de mujeres abogadas o médicas, y que puedan vernos sólo por nuestro trabajo y como artistas.

                                                             XXY

                                              En la ciudad de Silvia

 

                                                       El cazador

                                                  The neon demon

Por: Maria Fernanda

SEGUIR 6 de enero de 2017