Institucional

Responsable académica:

Dra. Beatriz Bixio – Vicedecana FFyH –

Equipo de Coordinación:

Prof. Patricia Mercado – Coordinadora del PUC –

Prof. Francisco Timmermann – Secretaría de Grado y  Extensión –

Ayudantes alumnos:

Érika Whitney

Sofía Benmergui

Diego Neo

Sofía Álvarez

Adscriptos al PUC:

Andrea Teruel

Ángel Dalmazzo

Soledad Gómez

Marco institucional y político

El Programa Universitario en la Cárcel (PUC) se funda en el derecho a la educación y  al acceso a la cultura de las personas privadas de libertad, en respuesta a las exigencias constitucionales requeridas por el paradigma de los derechos humanos (Ley 24660, Ley 26 206 y 26.695) y a la luz de la convicción de la Facultad de Filosofía y Humanidades -FFyH- de que la universidad pública debe ofrecer a todos los ciudadanos la posibilidad de formación académica, artística y cultural y a la expresión personal de las ideas. El ingreso de la universidad pública a las prisiones implica mucho más que el dictado de carreras de grado; en la decisión del trabajo en prisiones de la FFyH se juega una intervención cargada de sentidos políticos que implican romper con el círculo carcelario y el ingreso de la lógica universitaria de la democracia, de la igualdad, del respeto por los sujetos, la de la autonomía responsable en un ámbito en el que, por definición, rige el principio de autoridad.

Con base en estos postulados, en el año 1999 la FFyH firmó con el Ministerio de Justicia de la Provincia de Córdoba un convenio, autorizado por Resoluc. Nº 278/99 del HCS en el que establecen las condiciones para el desarrollo de actividades de docencia, investigación y extensión en penales de la Provincia.

Las actividades de la Facultad de Filosofía y Humanidades resultan, en esta concepción, especialmente apropiadas para el trabajo que busca proporcionar instancias de reconocimiento del valor de la palabra como recurso para la resolución de problemas, para la afirmación del sí mismo como un sujeto de derechos y para la promoción de una concepción del Estado como instancia de cuidado y respeto de estos derechos, no como un simple agente de encierro, aislamiento y exclusión. Así, el ingreso de la Universidad pública en las prisiones constituye también una nueva presencia estatal: la universidad pública como institución del Estado encargada de la garantía de derechos. Estas reformulaciones del sí mismo, del Estado y del otro pueden redundar en una reconstrucción de la subjetividad en la que los estudiantes son percibidos, por otros y por sí mismos, como estudiantes, esto es, como sujetos de derecho, de atención estatal, y también reconocidos en un rol social activo, en otras palabras, como sujeto de ciudadanía universitaria.

No se trata de buscar la “corrección”, el “disciplinamiento” o la “reinserción” de un individuo potencialmente peligroso, no se trata de producir transformaciones morales o en el modo de ser de los presos y presas, se trata de reconocerlos en su carácter de sujetos de derecho y, por ende, de interlocutores válidos para la construcción del conocimiento y la cultura, lo que afectará necesariamente a la reconstitución de una subjetividad diezmada por el aislamiento y , por lo general, por las propias historias de vida de los reclusos. En un proceso dialógico, la FFyH se redefine en su contacto con una realidad social y educativa con características y particularidades que difieren profundamente de aquella con la que se interactúa cotidianamente en el ámbito de los claustros universitarios. En este proceso, la FFyH tensa sus propias representaciones sobre el perfil del estudiante, sobre el conocimiento académico, sobre las funciones de la universidad y el papel del conocimiento como transformador del espacio social en orden a la constitución de sujetos críticos, conscientes y no reproductores de un orden social que dañe las relaciones humanas.

La intervención universitaria en contextos de encierro debe atender a un conjunto de situaciones particulares que establecen una diferencia significativa con la educación universitaria tal como ha sido pensada hasta el presente. Así como la universidad debe generar una pedagogía diferenciada para garantizar el acceso y la permanencia de los estudiantes, atendiendo a su particular situación, sea en relación a condiciones sociales, culturales, o biofísicas, también debe procurar la inclusión en situación de encierro carcelario. La privación de libertad, restringida al tiempo y espacio carcelario, suma en este contexto otras condiciones no siempre visibles de exclusión, como el acceso social y público a saberes de la cultura y del mundo laboral.