Tres directoras de fotografía exitosas

Autor: Kevin Lincoln para Venture
Traducción y adaptación: Carlos Wajsman

Durante el año pasado se produjeron en Hollywood una gran cantidad de discusiones inspiradoras acerca de la diversidad, incluyendo algunas sobre la escasa participación de representantes del género femenino. Pero, aunque se vislumbra un cierto progreso respecto a mujeres dirigiendo en el área audiovisual, aún se destaca un hecho: no hubo una sola nominación a los premios Oscar de la Academia para Mejor Directora. El campo de la dirección de fotografía, uno de los roles más importantes en una producción cinematográfica, se mantiene como mayoritariamente masculino, con solo un 2% de las películas de alto presupuesto fotografiadas por mujeres durante 2013.

Mientras la última película de Nicolás Winding Refn –The Neon Demon– ha dividido las críticas, algo en lo que todo el mundo está de acuerdo es la belleza de sus imágenes, responsabilidad fundamental de la DF Natasha Braier.

Vulture habló con Braier, Maryse Alberti (The Wrestler, Creed) y Rachel Morrison (Fruitvale Station, Cake, Dope), tres destacadas directoras de fotografía, acerca de los desafíos, oportunidades y los absurdos que deben enfrentar desempeñándose como directoras de fotografía siendo mujeres.

Estas entrevistas han sido realizadas en forma individual y luego condensadas y editadas para su publicación.

1. ¿Cómo comenzó tu carrera como DF?

Alberti: Llegué a este país (EE.UU.) desde el sur profundo francés cuando tenía 19 años. Había ido al cine dos veces en toda mi vida y mientras crecía en mi casa no había aparato de TV. Llegué a Nueva York y me dediqué a viajar por los EE.UU. durante tres años tomando fotografías. Eventualmente, cuando regresé a Nueva York, un amigo me convocó para fotografiar una película porno: me pagaban u$s75 por día, un buen salario y filmábamos en 35mm. Ese fue mi ingreso al mundo de la profesión.

Después comencé a filmar documentales y paralelamente, conocí a Christine Vachon y Todd Haynes, quién me llamó para fotografiar Poison, mi primera película de ficción. Fue una película sumamente controversial, porque trataba sobre un hombre gay encarcelado y eso me puso dentro del mapa de la industria. De pronto me vi asociada a las buenas películas. Recomiendo siempre a la gente que trabaja conmigo: “Hagan un buen trabajo en una buena película y estarán dentro del mapa. Hagan un buen trabajo en una mala película y no habrá muchos que los tengan en cuenta”.

Braier: Comencé haciendo fotografías blanco y negro cuando tenía 17 años en mi laboratorio propio. En cierto momento comprendí que en las películas había alguien llamado director de fotografía y pensé “Eso podría ser interesante”, así que me anoté en una escuela de cine.

Morrison: De alguna forma crecí con una cámara en mis manos. Cuando estaba estudiando fotografía me interesé por la fotografía periodística de conflictos y en iluminación. Luego me di cuenta que existía algo maravilloso llamado dirección de fotografía, a través de la cual se podía contar historias completas fotografiando películas. Por eso terminé ingresando a la escuela de la AFI.

2. En ese punto ¿cómo se sienten como mujeres en un campo dominado por hombres?

Alberti: Una de mis primeras películas fue Zebrahead. Recuerdo al productor preguntándome “¿Podés manipular los faroles más grandes?” Entonces pensé «¿Prefiero ser sarcástica o prefiero conseguir el trabajo?» Entonces le respondí “No levanto los faroles más grandes, simplemente le pido a los hombres grandes que coloquen los faroles grandes y ellos lo hacen por mí”.

Braier: No sabía demasiado en esa época. Era demasiado joven, demasiado ingenua y no tenía a nadie en mi familia que trabajara en la industria del cine. Mis padres siempre me apoyaron mucho y estaban convencidos de que tenía talentos en diferentes campos de arte, porque eso era lo que les decían mis maestros. Por eso nunca me sentí extraña siendo una mujer, aunque solamente un 2% de mujeres hicieran ese tipo de trabajo.

Recién a lo largo del proceso aprendí que, de alguna forma, era una especie de oveja negra. Luego -durante tres años- cursé mi master en Inglaterra; en la National Film School aceptaban solamente seis alumnos en cada especialidad y en ese año en cinematografía éramos cuatro mujeres y dos hombres y nos dijeron que era una especie de extraño récord. Recién ahí me di cuenta de que era algo raro.

Morrison: Quiero decir que sí, que me di cuenta que era la excepción y no la regla. Pero debo decir que durante mucho tiempo sentí que de alguna manera eso era algo bueno, porque me mantuve firme. Nunca lo vi como un déficit, de alguna forma siempre lo sentí como algo positivo. En una industria que está tan sobresaturada, ser diferente resultó algo bueno.

Fotograma de The Neon Demon

3. ¿Les parece que algo está cambiando en ese campo?

Alberti: Creo que las mujeres han hecho progresos en cinematografía, al contrario que en el caso de las directoras, que han retrocedido. Hay muchas más directoras de fotografía que cuando yo comencé. Creed fue mi primera película de estudio en 35mm y me fue muy bien – ¡en una película sobre el boxeo! – Ryan Coogler peleó por mí. Quince años atrás probablemente eso no hubiera ocurrido. La cosa se mueve hacia adelante muy despacio, pero va hacia adelante mientras en el caso de las directoras va hacia atrás.

Braier: Nunca sentí el ser mujer como una desventaja, aunque por supuesto era consciente de que era más difícil conseguir los trabajos que si hubiese sido un hombre. Pero nunca experimenté realmente en carne propia una cosa como “como mujer, me siento indignada” o algo así. Pero ahora, a mis 40 años, me di cuenta que hemos pagado un precio por ser mujeres en este campo y me di cuenta porqué en mi campo no hay tantas mujeres que lleguen a donde llegué yo.

4. ¿Cuál es ese precio?

Braier: Si tu vida personal incluye el tener hijos, no tenés demasiado tiempo, lo que significa que tenés que elegir. Para el momento en que estás establecida y podés relajarte un poco y tomarte un tiempo, probablemente ya tengas 40 años, como yo. Siempre elegí vivir una vida excitante y lograr una carrera destacada, eso siempre fue la prioridad para mí; solamente ahora, que ya tengo una carrera importante, podría tomarme un año sabático y tener hijos, pudiendo después regresar y seguir haciendo el tipo de trabajo que me interesa, con la misma calidad artística y económica. Pero me ha llevado mucho trabajo llegar a ese punto y poder darme ese lujo. Y comparándome con muchas otras mujeres, llegué aquí relativamente rápido pero, ¿qué ocurre si te lleva diez años o más? En ese caso no podrías tener una familia.

Fotograma de Dope

5. En cuanto a la manera de tomarse el trabajo ¿cómo las afecta las consideraciones familiares?

Alberti: Al principio de mi carrera filmé muchos documentales, porque me gustaba la aventura; por eso probablemente me resultó más sencillo y aún resulta más fácil para las mujeres directoras de fotografía trabajar en documentales que en ficción. Tengo un hijo de 22 años y cuando nació, tomé le decisión de criarlo yo. Con mi marido nos turnamos para trabajar y resulta más fácil criar un hijo en el mundo de los documentales porque uno se va de viaje dos o tres semanas, mientras en un largometraje quizás implica pasar meses fuera de tu casa. En ese momento era más sencillo, y aún lo sigue siendo hoy en día, para una mujer trabajar como DF en documentales que en el mundo de la ficción.

Morrison: Tener una familia implica un cierto nivel de compromiso, pero realmente vale la pena. Actualmente, eso le da forma a mi trabajo como DF. Pero obviamente no haber podido filmar Creed (Morrison trabajó con Coogler en Fruitvale Station) porque tenía que tener a mi bebé fue algo fuerte, lo fue a nivel de mi carrera; no diría que fue desastroso, pero implicará un cierto tiempo para volver al lugar que había logrado, algo que sin duda terminará ocurriendo.

También creo que como una DF que filma desde un lugar emocional, actualmente estoy mucho más informada. Siento que, a cierto nivel, mis sentimientos se han visto intensificados; probablemente debido a ese cambio, creo que eso se traslada de alguna forma a las imágenes que filmo, fortaleciendo mi trabajo. Pienso nuevamente en algunas películas que hice antes de tener a mi hijo, cómo resolví ciertas tomas. Siendo Cake probablemente mi primer ejemplo, una película acerca de una mujer y su hijo, la hubiera filmado seguramente de una forma muy diferente debido a lo que eso significó para mí. Realmente creo que la experiencia de haber tenido un hijo me hizo mejor directora de fotografía.

Braier: La mayor parte del tiempo participo en muchos proyectos y cada trabajo es en un país diferente. Si quiero hacer el trabajo que amo y colaborar con gente como Nic, Lynne Ramsey o Claudia Llosa, seguir los dictados de mi corazón en cada proyecto y hacer las cosas que me gusta hacer, con el contenido artístico y el mensaje que pretendo transmitir, debo poder participar continuamente en diferentes proyectos; soy básicamente una gitana. Si tengo un hijo ¿cómo podría lograrlo? ¿Cómo podría hacer malabarismos para vivir con eso? Esa es la realidad para los directores de fotografía: todos nos la pasamos haciendo malabarismos. Los muchachos hacen malabares y sus mujeres se quedan en casa con los hijos. Cada pareja encuentra una forma de negociarlo y tratar de que funcione, pero habitualmente los varones están prácticamente ausentes.

6. ¿Cuán diferente parece resultar dedicarse a una familia para una directora de fotografía mujer o un hombre?

Morrison: Si se pretende tener una familia, cada uno debe aceptar hacer ciertos compromisos y no se trata solamente de ser una mujer. Implica elegir siempre tus trabajos con algo de cuidado e implica que tu pareja debe estar dispuesta a hacer sacrificios. Soy muy afortunada que mi compañera haya aceptado tomarse un tiempo de manera de poder viajar conmigo y traer al bebé. Obviamente, cuando el niño comience a ir a la escuela las cosas cambiarán. Pero también pienso que la familia es algo que uno debe querer tener y no se puede dejar que la carrera se interponga en el camino.

Braier: Muchos hombres tienen sus familias en sus treintas y eso está bien, porque existe en algún lugar una madre que cuida a ese hijo. Y quizás no están tan presentes, vienen y van. Pero para una mujer es totalmente diferente, no se puede hacer algo así. Es posible que algunas tengan parejas que estén dispuestas a apoyarlas, pero aun así, sigue siendo complicado. No se limita a la industria audiovisual, realmente nuestra sociedad no está diseñada para facilitar a las mujeres que desarrollen una carrera exitosa, que les absorba mucho tiempo y así y todo tener la posibilidad de formar una familia. Si pretendemos conseguir los buenos trabajos y posiciones de poder, que están reservadas fundamentalmente a los hombres en la sociedad, podremos si somos capaces y hacemos un gran esfuerzo. Pero si pretendemos también acceder a otros aspectos de la femineidad, maternidad y familia, la cuestión se vuelve muy compleja.

7. ¿Sienten que muchos de los equipos masculinos dirigidos por DFs hombres en los que trabajaron las trataron en forma diferente por ser mujeres?

Alberti: Los equipos masculinos saben que las directoras de fotografía han venido para quedarse y que seremos cada vez más. Si son profesionales, se comportan como corresponde. Pero unos cinco años atrás entrevisté a un gaffer que tenía la actitud de «No te preocupes pequeña, yo me haré cargo de todo». Okey ¡estás despedido!

La única diferencia que he notado es que la gente me abraza y besa más que si fuera un hombre. Pero siempre comienzo una película siendo muy firme, muy dura y muy, muy seria; una vez que me gano el respeto de todos puedo relajarme un poco. Eso es parte del trabajo, hay que ganarse el respeto del equipo. Eso es tan importante como aprender las tecnologías de la cinematografía, siempre debemos aprender a manejar el set y lidiar con el espectáculo. Trabajé con una DF que era muy talentosa pero no parecía capaz de manejar todas las cosas con las que hay que lidiar: negociar con el productor y manejar al equipo dentro de los límites de tiempo que debemos respetar. Para dirigir también hay que aprender, pero es algo diferente: el director o directora de la película es el artista y yo estoy allí para apoyarla o apoyarlo con mi técnica, mi conocimiento y mi ojo artístico.

Braier: Seguramente existe una diferencia. He tenido suerte de encontrar y elegir siempre la gente adecuada con quienes trabajar en mis equipos, así que el 99% de las veces he tenido buenas experiencias en términos de ser una mujer, siendo siempre muy respetada por los hombres que trabajaron conmigo. Pero hay algo muy interesante para ser analizado: los equipos de rodaje son algo parecido al ejército: hay cosas que deben hacerse de determinada forma para que todo funcione. Todos seguimos el paradigma que dicta que “el tiempo es dinero” y estamos influenciados por la búsqueda de la eficiencia.

En una estructura como esa, por supuesto, resulta más sencillo personificar la autoridad (el director de fotografía es uno de los capitanes fundamentales del barco) cuando sos un hombre, ya que en una sociedad como la nuestra resulta más natural que la autoridad esté encarnada en un hombre y que el liderazgo se practique a través de esa energía masculina. Siendo una mujer, lo más difícil para mí resultó aprender a personificar mi liderazgo desde mi femineidad y no tratar de imitar la forma en que lo han hecho siempre los hombres. Un tipo siempre puede salir adelante simplemente dando órdenes, pero una mujer no puede dar órdenes a los hombres, ya que la mitad de los hombres siguen teniendo cuestiones con sus madres y no lo aceptarán de buen grado. No les caería bien recibir órdenes de una mujer mandona y uno no quiere ser esa mujer mandona. Se produce una energía horrible cuando una trata de dominar la masculinidad. Así que debemos aprender, como mujeres, cómo liderar siendo mujeres y sin intentar comportarnos como hombres. Es algo difícil. No debería ser tan complicado, ya que está en nuestra naturaleza y deberíamos saber cómo hacerlo, pero no lo sabemos porque vivimos en una sociedad patriarcal. No vemos muchos ejemplos similares en la vida, así que debemos intentar imaginar cómo hacerlo por nuestra cuenta.

8. Me imagino que estas cuestiones no se discuten demasiado en la industria.

Braier: Es interesante, porque durante la primera década siendo una DF la gente me preguntaba todo el tiempo acerca de la experiencia de ser una directora de fotografía, «¿cómo es la cosa? ¿De qué se trata?» Pero a medida que mujeres como yo seguimos haciendo esto que hacemos, nos convertimos más en modelos para otras mujeres. Dicho eso, yo no miraba a otras mujeres a medida que avanzaba en mi carrera, nunca lo pensé de esa forma. Y si hubiera elegido pensar de esa manera, hubiera sido algo así como: «Bueno, allí están, han llegado ¡pero son solamente dos o tres!»

Morrison: Realmente espero ansiosamente el día en que me llamen para preguntarme sobre mi trabajo, mis experiencias de contadora de historias y no sobre mi experiencia de ser una directora de fotografía. Durante mucho tiempo de alguna manera traté de evitar la conversación y luego comencé a ver el efecto que ese diálogo tenía, especialmente con respecto a las directoras mujeres. Realmente siento que hay un cambio pertinente y pronunciado sobre lo que podemos percibir, ha ocurrido como una suerte de despertar y que, si no nos animamos a esa conversación, nada cambiará.

Fotograma de Creed 

9. ¿Qué piensan que debería ocurrir para crear un ambiente en el cual más mujeres lleguen a convertirse en DF?

Alberti: Se está progresando, ese es mi parecer. Especialmente con directores independientes y películas de bajo presupuesto. Pero debería haber más películas de estudio fotografiadas por directoras de fotografía. Debemos seguir luchando y trabajando quizás un poco más de lo que deben hacerlo los hombres. Pero soy optimista.

Braier: Hay cosas que deben hacerse respecto a las estructuras, pero hay un problema mucho mayor en toda la sociedad. Por lo menos el 60% de las mujeres, si no más, necesitan tener una familia para sentirse completas. ¿Queremos que esas mujeres tengan voz en la industria? Si queremos oír esas voces ¿qué deberíamos hacer para que puedan ser madres y aun así poder contar sus historias en la industria audiovisual? Es una cuestión de horas: ¿Cuántas horas pasamos filmando? ¿Filmamos cerca de casa o lo hacemos en decorados lejanos? ¿Se considera incorporar una guardería para que las madres puedan dejar a sus hijos? Pero esa forma de pensar va en contra al paradigma de “tiempo es dinero” y no veo que esté ocurriendo, porque la industria audiovisual tiene sus presupuestos y todos tratan de obtener lo más posible a partir del dinero. Y no veo a ninguna mujer productora y comprensiva que diga «Muy bien, vamos a invertir u$s 300000 en una pequeña guardería». No veo a nadie interesado en invertir en esos cambios que serían necesarios para que eso cambie.

Morrison: Me siento increíblemente optimista de que este cambio está ocurriendo y que realmente es solo una cuestión de tiempo. Creo que a la gente le gusta tener modelos a seguir y les gusta tener un camino que pueden tomar, aunque muchos de nosotros no lo hemos hecho de esa manera. De alguna manera nos hemos forjado nuestro propio camino. Pero hubo una época en que cuando vos decías “doctor”, la gente visualizaba la imagen de un hombre y ya no es así. Con suerte dentro de diez años, cuando digamos “director de fotografía”, no se asumirá que hablamos de un tipo corpulento. (Ríe).

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