En el día del Profesor inauguramos la Sala de Reuniones Prof. Hernán Peirotti

La Escuela de Letras dará el nombre del Prof. Hernán Peirotti a la nueva Sala de Reuniones, refuncionalizada a partir del ex despacho de Literaturas Europeas, en el Pabellón Francia. Es una decisión de la Dirección y el Consejo compartida por todos; quienes conocimos a Hernán personalmente y tuvimos la oportunidad de ser sus alumnos, colegas y amigos, sentimos que sería un gusto para él.

En especial para quienes frecuenten a partir de ahora ese espacio de la Escuela de Letras, esta breve noticia:

Hernán Peirotti (Córdoba, 1947) ingresó a la Facultad de Filosofía y Humanidades después de abandonar la carrera de Medicina. Cursó Letras Clásicas y Modernas, y apenas graduado en Letras Modernas comenzó la carrera docente en la cátedra de Literatura Alemana a principios de los años ’70, bajo la titularidad del Dr. Oscar Caeiro. Rindió concurso como ayudante, Jefe de Trabajos Prácticos y Prof. Adjunto, y posteriormente ingresó a la cátedra de Literatura Inglesa, entonces a cargo del Dr. Enrique Luis Revol. Desde 1983 -año en que Revol, ya enfermo, dejó la UNC- se desempeñó en ese espacio como docente adjunto a cargo, y a partir de 1988 como profesor titular concursado.

Hasta diciembre de 2013, cuando falleció después de una enfermedad breve y fatal, tuvimos la fortuna y el privilegio de compartir con él un trabajo que eligió y disfrutaba. Entendía la literatura como un campo privilegiado de las Humanidades, donde la sensibilidad estética no se limita nunca, y se nutre de cuanto conmueve y enriquece saber y pensar. Dueño de una sólida formación musical y con una enriquecida cultura también en las artes visuales, Hernán era generoso en sus certezas, sospechas e intuiciones, y su delicado y puntual sentido del humor nos ayudaba a remontar también los momentos menos luminosos. Su amplio conocimiento lingüístico y filológico, entrenado en la traducción incansable y minuciosa, ​singularizó su tarea docente convirtiéndola en investigación constante. Pero no solo se sentía feliz entre los libros, y con la misma paciencia y elegancia cultivó y cuidó su jardín hasta la primavera pasada. Recordarlo es nuestro mejor homenaje en el día del profesor.

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